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Leer la novela online o pdfs: El Flaco Así Comenzó.

Autor Javier R. Cinacchi


Autor Javier R. Cinacchi, 2021 algunos derechos reservados; ver en el pdf del cuento / novela los permisos de difusión. Si tienes una editorial puedes imprimir el libro gratis sin variar nada de la novela, incluye el nombre del autor en cada página.
(Abajo el capitulo 3, por si entraste por acá, comienza aquí: Novela corta de fantasía.)
Es la página aprox. 20 del libro.
El Flaco entre caballeros puros.

Cargado, fue a buscar a su caballo, que se lo cuidan en la caballería de la entrada del pueblo, y se puso en marcha. Su caballo quedó demasiado cargado, pero evaluó que descansaría de a ratos. Se encuentra, a día y medio de viaje, de las ruinas del castillo resonante, y calcula que llegará junto con los caballeros puros, prácticamente ambos un día antes de lo planeado.
Viaja tranquilo, sabiendo que ese puede ser su último viaje que emprenda en la vida. Y ya lo decidió: Antes de caer gravemente herido, prefiere morir. No sea que nunca más pueda volver a pelear, y no quiere para nada la vergüenza de cargar sobre él con la derrota.
Extrañamente siente paz, y disfrutó desde el momento en que saludó a su amigo, el recorrer las sendas del pueblo que ya recorrió mil veces. Por donde se mire allí, predomina la piedra. Piedra sobre piedra, techos de piedras, torres de piedras, algunas rejas, y algo de madera, en puertas, ventanas, y vigas; también hay algunas plantas y árboles. Entre medio de las casas hay algunos comerciantes, de todo tipo, incluso unas tabernas y un par de herreros. El pueblo está lleno de senderos pequeños, pequeños puentes, y considerable gente lo mira y lo saluda al pasar. Algunos le desean suerte y que regrese bien, él les responde con una sonrisa a algunos, con alguna palabra a otros. Hasta soldados de vigilancia de las torres, le gritan saludos de éxito.

Ya alejado lo suficiente del pueblo, se desvía hacia el lado contrario; para cambiarse totalmente de equipo, e incluso cambiar algunos detalles de su caballo y bultos que lleva. Hace hasta donde le es relativamente fácil, ya que presupone que allí donde va, nadie le va a reconocer el caballo, pero sí, si llevaría la armadura y armas de siempre, sería a la larga reconocido si se preocupan por averiguar. Lo mismo que si estuviera con la cara descubierta, su nueva armadura hasta tiene cubre boca y nariz, de cuero más metal.

Es la página 21 del libro.
Una vez que está listo, retorna el camino que debe andar. Se da cuenta que vestido así resalta entre la gente que lo mira de reojo, y eso que se cubrió con telas blancas hasta la cabeza, para no recalentarse de calor, y no se había tapado la cara del lado de adelante. Solo espera que no lo paren guardias que lo reconozcan. Tiene su identificación, pero debería decir que va a probar su nuevo equipo si le preguntan por su cambio, y eso ya sería peligroso para su anonimato. Ni siquiera dice una sola palabra, a algunos que le hablan tonteras por el camino, o le preguntan algo, no sea que le reconozcan la voz, y se arrepiente de no haber cambiado de caballo.
Le llama la atención a él, que algunos le sienten una precedencia extraña, la presencia que irradia los puros. Sin embargo obvió un detalle: colocarse una tela blanca atada en un brazo. No lo olvidó, en realidad no tiene ni idea de cómo ser un puro. Y no le gustaría que lo paren en medio del camino para pedirle algún tipo de ayuda, realmente quiere pasar lo más desapercibido posible.
Cada vez que pasaba delante de guardias, murmuraba “Creador hazme invisible. Confunde sus mentes, que no reaccionen.” Se dio cuenta que sentía algo cada vez que decía esto. Algo interno, especialmente en su pecho, cabeza, y aveces cuello. Y supuso que Dios lo escuchaba.

Y recorriendo el camino, sin más, comenzó a ver el atardecer. Sobre el punto de encuentro, no estaba seguro de si llegar con más luz o con menos. Así que se dijo “cuando llego, pues llegaré”. Al lado de las ruinas hay un pequeño camino, poco transitado a esa hora, de día algo transitado. En todo el trayecto estuvo cubierto por las telas blancas, incluso parte del caballo. Se las sacó, las guardó, y siguió avanzando a pie junto al caballo, equipando arco con flechas en su espalda, y espada en su cintura. Ya comenzaba a transitar terreno peligroso.
Llegando hasta la puerta de las ruinas vio marcas de seis caballos, supuso eran de sus compañeros. Entró a las ruinas. Cada paso que daba resonaba, y resonaban ruiditos a cada rato.


Es la página 22 del libro.
No se suele meter gente allí por causa de los lobos, que aveces pueden andar en manada, agudizó sus sentidos, y se dio cuenta que veía mejor que de costumbre, aunque ya prácticamente era de noche.
Sintió que un caballero puro lo miraba, simplemente lo supo; aunque no lo vio, desde alguna parte de la muralla de las ruinas. Se detuvo en el medio, a poco de entrar, e hizo la señal, hacia adelante, y hacia los costados, y esperó. A los pocos minutos un caballero puro se acercó.
Le pareció impactante, ¿qué decir? Hermoso. Su armadura parecía como si resplandeciera con la luz de la luna, caminaba como una montaña, no es que fuera muy grandote, pero se veía imponente. La armadura estaba totalmente lustrada, y totalmente limpio el sobreveste con el escudo de armas de los caballeros puros. Por si fuera poco, además de armadura tienen cota de malla. Llevan de costado, agarrado al cinturón y a una pierna, un bolcito también con el escudo, allí tienen distintos elementos para curar heridas, y cosas para mejorar el rendimiento en batalla; para hacer infusiones, unas especies de galletas para comer, otra un alimento en forma de barra comible que da muchos beneficios en corto tiempo. También llevan hiervas, frasquitos llenos de sustancias, vendas, agua, agujas, hilo, cuero, etc. El escudo está formado por dos escudos: El león con el sol, que es el símbolo de los caballeros puros, más el escudo del reino del lado derecho.
Indudablemente ellos no querían pasar desapercibidos. Suelen equipar espada más unas extrañas ballesta de repetición de tres tiros, que para recargarlas parcialmente tardan segundos, pero necesitan ambos brazos, y cómo sabemos no son tan precisas y rápidas como un arco. Hizo el símbolo.

El Flaco se estremeció. Sin saber porqué se llenó de fuerzas, como para no descansar y pelear ya mismo contra un escuadrón completo. Se tomó su tiempo antes de avanzar, y se colocó la tela simbólica en el brazo derecho. Y avanzó con su caballo al encuentro del caballero, los dos firmes, como si el otro que se le acerca fuera un rey. Y es qué realmente lo piensan.

Es la página 23 del libro.
– Señor, un gusto en conocerlo –dice El Flaco.
–Señor, un gusto conocerlo y pelear a su lado –le responde Albano–. El Creador nos guíe.
– El Creador nos guíe.
– Señor –añade Albano–, diríjase a la torre del homenaje. Allí encontrará a tres caballeros, yo y nuestro compañero Allard, estamos de guardia en estos momentos.
– Prosigo.

Fue recorriendo las ruinas antiguas de aquel castillo; escombros, restos de construcciones, vigas, montañas de piedras, plantas y yuyos repobládolo, animalitos, de vez en cuando algún ruido que resuena. Entró en la torre, encendió una antorcha con otra que estaba allí, dejó el caballo, junto a los otros, y subió las escaleras. De vez en cuando hizo alguna pausa, extrañamente comenzó a sentirse un poco bajo peligro, como si algún enemigo estuviera cerca. Pero lejos de preocuparse, disfrutó de la vista que se imponía a su alrededor de las ruinas, y llegó a ver de lejos el bosque y la montaña del cielo negro por una abertura.
Al llegar saludó a los otros tres caballeros puros: Bennett, Gawain, y Tornado. Había escuchado sobre Tornado, como ha vencido a grupos enteros él solo, cayendo los enemigos uno a otro ante sus pies. Se dio cuenta en ese instante, que de ninguna manera era el el líder de aquel grupo. Tornado era el jefe de los caballeros puros de la religión en Tinkentou, y varias veces peleó comandando a muchos. El Flaco al escuchar que ese nombre estaba allí, se alegró por dentro, suponiendo que viviría. Una vez más dudó de que lo llamarán para tal misión, y se entristeció; si no fuera porque son puros, estaría desconfiando en ese momento de si no era, sobre él, el que recaería toda la culpa de todos los problemas del reino, por la pelea de los puros contra los endemoniados, por estúpido soñador. Pensamientos rebotaban en el laberinto de su azotea “¿Qué tan pura es verdaderamente la iglesia?” “...Pero no, no puede ser que me estén engañando, siento algo distinto, tienen algo distinto...” Luego de decir palabras cordiales, ante la invitación de Tornado de que se sentara junto al fuego, lo hizo ¿cómo no? Se sentía mucha paz allí, y Tornado habló.




Es la página 24 del libro.
– Me alegra que esté aquí señor, la misión es difícil. Seguramente escuchó hablar de mi, pero una cosa es pelear a campo descubierto, y usando nuestras virtudes espirituales, y otra en una guarida de asesinos endemoniados, y para peor teniendo que rescatar a la hija del padre principal. ¿Sabe qué? No sabemos si nos encontraremos, con diez o con cien enemigos.
– Enfrentaremos la batalla –respondió sin dudarlo El Flaco.
– ¡Claro que sí señor! Pero usted pase lo que pase, tendrá a su cargo a la señorita; y como se habrá dado cuenta, usted es el único arquero aquí. Nosotros no podemos apuntar bien con esta armadura, tenemos ballestas claro, pero o repartimos espadazos o apuntamos, y estamos acostumbrados a estar cubiertos por el hierro.
– Prefiero el arco corto, si tienen unas flechas extra para pasarme, bienvenidas.
– ¡Claro qué sí señor! Ya me está agradando, debería llamarse Esperanza –Hizo una pausa Tornado intentando darse cuenta el porque lo llamó “Esperanza”, y al poco añadió.
– Señor, realmente comprenda lo siguiente, usted tiene que salir de allí vivo con la señorita, este conflicto no debe escalonar. Nosotros afrontaremos nuestro destino.
– Señor, yo no soy de los que huyen en combate.
– No lo dudamos señor. Pero le rogamos que pelee hasta dónde sepa que podrá escapar de ser necesario, y con la señorita. Ella, no solo es una persona influyente, si su voluntad se quiebra, y creemos que no ha pasado aún, conoce toda la organización de los puros, porque ella también es guerrera en formación de un grupo en secreto, de mujeres guerreras, que hasta ahora espero siga en secreto.
– ¡Mierda, todo siempre es más complicado de lo que parece!
– Sí señor, pero el Creador nos ayudará.
– ¿Y cómo sabe que aún es fiel?

Es la página 25 del libro.
– Ella ya terminaba su instrucción, y no va a sucumbir por meses de cautiverio, o aunque la droguen, teóricamente aprovechando ser raptada se ha hecho pasar por uno de ellos señor. Los endemoniados no suelen torturar y matar a los raptados, oprimen sus mentes, los marcan, y los hacen seguidores.
– ¡Uff! Si que es importante la situación, ahora comprendo bien. Gracias. Cuente que haré todo lo posible por liberarla. –El Flaco hace una pausa, se queda pensando y añade:
–¿Pero ella entonces nos seguirá? ¿Pensé qué se dudaba de si estaría cuerda o no?
– Dudo que nos siga sin pelear o ser liberada en el espíritu. Debe estar como en un estado de sueño. Atrapada por la oscuridad. ¿Cómo explicarle? La voluntad de la señorita debe estar al límite, confundida, con los secretos bien guardados, pero al mismo tiempo como si fuera un animal salvaje que atacará a donde le señalen que ataque.
– Mierda...
– Sí, y comprenderá que tiene que esforzarse por no matarla, ni no morir en manos de ella, por favor señor.
– Joder...
Y sin poderlo evitar los caballeros rieron y sacaron vino, y otras cosas extrañas con que lo mezclaron para estar bien fuertes durante un mes. Le dieron un retrato de la cautiva al Flaco, y él aprendió más cosas, y se sintió amigo de ellos, y ellos de él. Y volvió a temer por su vida aunque estuvieran dos Tornados allí presentes...

***

A la mañana temprano se movilizan, irónicamente no saben bien dónde están sus enemigos. Los dos grupos que se toparon los del reino, fue cerca de la montaña, y espiar a espías es algo sumamente complejo, pero cómo dijo Bennett “El destino los guiará a su destino”. El Flaco pensaba que sabían bien dónde había que ir. Pero cada vez se da más cuenta, de que están complicados, y de que de algún modo querían en gran manera los puros que él fuera, y en parte minimizaron, y le ocultaron información.

Es la página 26 del libro.
Al adentrarse en el bosque, Allard y Gawain avanzan de la forma en que se moverían durante días. Uno a la derecha, y otro a la izquierda, y a cincuenta metros del centro; donde están los caballos y los otros cuatro. En el bosque, obviamente que no montaban a caballo, no sea que se les rompa una pata. Cambiarían posiciones, pero siempre abría dos separados de los cuatro, esa era la estrategia, y estaban con toda la armadura puesta, para que no los matara un asesino saliendo de la nada, o una flecha disparada desde un árbol. Todo el tiempo extremadamente silenciosos.
Dos veces antes de llegar a la montaña mataron a tres. Dos asesinos atacaron por la espalda a Tornado, pero no pudieron contra él. Fue así que ocurrió.

Tornado estaba montando guardia como de costumbre, haciéndose el dormido, entre oraciones internas al Creador, y meditación de la vida. Y escuchó y sintió, que venían dos o más: uno de su lado derecho, y otro del izquierdo. Eran asesinos de los endemoniados. Cómo todos, él nunca se sacaban la armadura, salvo uno por turnos, y por necesidad. Los llegó a ver, lo miraban fijo, y se acercaban sigilosamente. Si no fuera porque tienen la visión más sensible los puros bajo misión, no lograría verlos. Estaban totalmente de negro, sin ningún tipo de armadura, ropa de cuero, y pintada la cara con barro, apenas se veía su silueta, pero algo de sonido hacían, como una serpiente arrastrándose en tierra.
Se abalanzaron al mismo tiempo sobre él, muy silenciosamente, a atacarle la cara; pero se cubrió con su escudo de un lado, y con su espada de otro, con la que automáticamente dio muerte al instante a un asesino. Con el otro tuvo que medirse en batalla.

Es la página 27-29 del libro.
Mientras a uno mataba, el otro lo golpea fuertemente en la cabeza con el mango de su espada, pues suelen tener dos. Pero logra Tornado, empujarlo a distancia de un metro y posicionarse para batalla, el otro asesino, ya no tenía la cabeza. La batalla duró medio minuto. Tornado con su espada y escudo, el asesino con dos espadas. Fue una lluvia de golpes, atajadas y estocadas de los dos lados, pero ganó Tornado por la armadura. El asesino no podía llegar con la suficiente fuerza, como para atravesarla, o poder filtrarse por algún lado, y a Tornado una sola vez le bastó.

La segunda vez, estaban avanzando con los caballos, Tornado, El Flaco, Allard y Albano; con los caballos y provisiones. Y charlaban en voz baja. Se burlaban del Flaco haciéndole chistes sobre la virginidad, porque hay que ser o virgen, o tener esposa. Y todos menos él ahí tenían esposa. El Flaco estaba un poco distraído, y literalmente una flecha impacta en el medio de su cabeza desde adelante, y cae a tierra. La flecha no se enterró en él, se rompió, pero lo desestabilizó el repentino impacto. La capucha del Flaco por dentro son placas de metal, como si fuera una canoa en forma de cono, y con el cuero sobre ellas parece una simple capucha. Les empezaron a llover flechas de uno o dos arqueros. Al Flaco le impactaron cuatro hasta que un compañero lo cubrió, no reaccionaba. Se cubrieron, recibieron algunos impactos en sus armaduras, pero los caballeros empezaron a tirar con sus ballestas en dirección de donde los atacaban, al tiempo que los del costado acortaron distancia. Al fin vieron, y le dieron a uno, pero aparentemente eran dos, y no lo vieron al segundo.
Cada vez que reciben un buen golpe en la armadura, por lo general es un buen moretón, salvo que sea con un arma preparada como una maza, o un arco y flecha muy poderosa, en un fuerte arquero, a poca distancia.
El Flaco estaba molesto, y más aún después de que lo voltearan a flechazos, sentía que los caballeros lo cuidaban a él. Del mismo modo que él cuidaba a las señoritas que rescataba, solo faltaba aveces que le dijera alguien: “ten cuidado, no te tropieces con ese tronco”, “cuidado con ese hormiguero”, o “dame la mano para pasar el río”.
Sin embargo allí entre los caballeros puros aprendió a orar, y sintieron ellos, que en él había algo especial. Albano le explicó: “Simplemente habla con el Creador de todo, como si fuera un buen padre, y pon énfasis en lo que le pides como si fuera tu madre, porque es esto: Padre, Madre, Buen Amigo, Rey; todo al mismo tiempo, y espera que le pidas de la forma adecuada según su justicia.”
Y no solo aprendió a orar. Entre charlas aprendió distintas cosas, como por ejemplo que el frasquito rojo que tiene, lo tome solo cuando se sienta que se va a morir. Son muy difíciles de conseguir sus ingredientes y de prepararlo, y se les da a cada caballero puro, uno por misión especial. Hace un montón de cosas, entre ellas frena hemorragias, el dolor, y da fuerzas. Puedes seguir peleando aunque te corten un brazo. El Flaco se lo colgó al cuello dentro de una bolsita, como lo hacían sus compañeros, Mismi le había dado dos -comprendió que uno no era para él-. También le dieron varios para ayudar a despertar a la señorita si no reconocía a los puros, uno se lo colocó en el cuello en otra bolsita. El escrito que le había dejado Mismi fue una gran ayuda, pero no estaba todo. Se enteró allí que Tornado y Bennett en algunas oportunidades la instruyeron en combate, a la que tiene que liberar, y otras mujeres. Y le dijeron que era muy bonita y simpática.
No les duró mucho la comodidad de los caballos, y eso que los protegían con escudos y estaban en el medio de los cuatro. Los enemigos intentaron varias veces matarles los caballos, y mataron a uno, y mataron a otro, de repente alguna flecha silbaba e intentaba impactar. Los querían desgastar a los intrusos, nadie quiere perder elementos importantes de batalla que cuesta una vida entrenarlos. Ya los endemoniados, habían perdido a dos asesinos y un vigía. Notaron como El Flaco se esforzó por proteger a su caballo, claro no era un simple caballo del ejército, era su compañero de viaje, y ni hablar de lo que cuesta tener uno. En realidad ya los cuatro protegían a los cuatro que quedaban, que sobrecargados de cosas, estas también los protegían. Comenzaron a avanzar más lentamente, estando muy atentos además no les quedaba otra. Había especial atención cuando se topaban con accidentes del terreno, tales como un río lleno de piedras, siempre volaban flechas del otro lado hasta que estaban cerca de la orilla, y desaparecían los enemigos como si fueran fantasmas. Bastaba que dos se posicionaran del otro lado, dando vuelta la espalda a sus amigos, con ballesta en mano, para que los endemoniados dejaran de atacar. Claramente eran un equipo entrenado. Claro que ellos también les tiraban algunas, pero se cubrían bien y retrocedían.
Y seguir sus rastros no era útil, todo el tiempo, rastros de enemigos los rodeaban a ellos, de seguirlos se la pasarían dando vueltas por el bosque. Era como que los invitaban a sumergirse a los intrusos en una pesadilla.


Capitulo 4: Novela corta.



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