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Comienza a escucharse un
sonido de personas trotando, con golpeteo de metales, a los jóvenes
se los observa un poco asustados. Al instante, vestidos con armaduras
teniendo espadas anchas en sus manos, llega trotando un grupo de unos
treinta, y se detienen bruscamente en orden, para levantando sus
armas decir a voz muy fuerte:
—Ronoh
y senoob sinumoc rap erpmies!
Algunos del grupo de jóvenes se sobresaltan, los
extraños hablan en un extraño idioma. Con
espadas levantadas se quedan observándolos. ¿Qué hacen el Grupo de
los Diecinueve Jóvenes?
—Hola… Paz… —Saluda
inquieto, David sin hacer nada.
Algunas espadas se las comienza a nota
temblorosas, de forma desordenada los treinta se miran, y miran
asombrados al grupo de jóvenes, lentamente bajan sus armas. Se
quitan el yelmo, sus rostros no reflejan cicatrices de guerra y
comienzan a bajar su mirada mirando al suelo mientras descienden sus
armas. Uno hace una reverencia y se inclina levemente avanzando unos
pasos. Los otros comienzan a caminar hacia atrás sin darles la
espalda.
—Nes
lod illotsec lad los —Dice
algo así, aquel que destaca del resto por poseer armadura más
adornada, el que había dado un paso hacia delante.
—No entender—.
Dice David intentando utilizar la menor
cantidad de palabras, por las dudas de ser mal interpretadas. ¿Quién
sabe si las comprenden o con que sentido las comprenderían?
Sin más se alejan rápidamente los treinta.
—No hablen, ni se muevan—. Dice Cristian.
Quien, luego de observar donde sus compañeros no alcanzan a ver,
añade:
Corren veloces, no miran hacia atrás,
dejando piezas de su armadura van.
A la derecha un gran castillo,
a la izquierda un
humilde campamento.
Largo camino les faltan,
¡se lo acortan!
De la diestra, corre
alguien al encuentro.
Cristian hace gestos de desconcentrarse y añade—:
Sospecho tardaran horas… mejor nos sentamos, creo son amigables…
igual atentos por las dudas…
—Sí obvio, estemos atentos—. Añade Juan.
—Mejor esperamos acá ¿Ustedes también tienen
hambre?—. Dice Carla.
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