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Leer la novela online: Novela "EL Grupo de los Diecinueve Jóvenes 2" Separados en Esferas Lejanas.

Autor Javier R. Cinacchi

Es la página 73 de la novela.
—Juan —comenta preocupada Flavia—, es que si él realmente nos podría ganar en combate, y no lo hace; es que quizás tenga razón. Además la primer puerta está aparentemente descuidada frente a señores del olvido.

—¿Qué pasaría si se encuentra el Anciano y tu en una puerta? —pregunta Juan.

—Supongo nos miraríamos, nos saludaríamos deseando un buen camido, y sin más cada uno seguiría su rumbo.

Los cuatro jóvenes comienzan a hablar entre ellos. El señor del olvido se limita a mirarlos. Juan toma la palabra.

—En primer lugar estamos bajo las órdenes de Sueñosreales y El Anciano. Aunque debemos confesar, que muchas opciones no hemos tenido. Opino que si nos vence y nos deja seguir en paz sin hacernos daño, sería justo que si pasara al revés hiciéramos lo mismo. Después de todo nuestra función principal es cuidar las puertas y objetos especiales de no ser destruidos. Ayudar. Luego si hay excepciones como esa que mencionó, dejemos lugar a la duda, pero sin tomar ninguna decisión apresurada.

—Exacto —dice el señor del olvido—, en otras palabras les estoy diciendo: No se metan en las peleas de los líderes que piensen distinto. O ataquen a otros guardianes.

—Comprendo —Dice Juan y añade— Y lamentablemente va a ser necesario medirnos en combate.

Flavia rápidamente hace elevar y mover a los cinco. Juan no supo qué hacer más allá de tomar su arma que aún lleva, siente dónde está su enemigo, siente la bala en la recámara de su revolver, apunta. Cecilia comienza a verse resplandecer. El señor del olvido no puede moverse libremente por Flavia quién lo eleva y lo envuelve en viento que con la tierra le es un fastidio, al mismo tiempo que mientras Juan se pregunta si gatillar su revolver o no, y Cecilia a punto de lanzarle un rayo para convertirle parte de su ropa en cenizas. Esto en un instante más rápido que el decirlo. El señor del olvido lanza un grito agudo, y caen los cinco al suelo; los cuatro jóvenes retorciéndose de dolor. El señor del olvido mostrando malestar por un golpe en la rodilla, agachado está listo para repetir su ataque, se escucha su voz.

Es la página 74 y 75 de la novela.
—Puedo aumentar su dolor aún mucho más, antes de que logren atacarme. Voy a dejar de hacerlo si prometen no atacarme.

...Y accedieron rápidamente a tal petición.

—¿Notan cuál es el problema? Si nos cruzáramos en combate... Lo más probable es que alguno o varios dejemos de existir. Por ello mi insistencia en no pelear. ¿Moriremos los guardianes por diferencias con unas pocas puertas que causan a otros mundos daño? Ha ocurrido que algún guardían, como tal vez pudo haberle ocurrido a Marcos de ustedes, enloquecido, o perdiendo el control de lo que afecta, ya no sabe ni a quién ataca y destruye todo a su alrededor. Los cuatro jóvenes estuvieron de acuerdo con tratar de agotar todo medio pacifico disponible antes de entablar algún combate, y solo combatir de ser esto forzosamente necesario. Los cinco estuvieron de acuerdo de valorar hasta la vida de sus enemigos, siendo en lo posible el único castigo frente a un combate la derrota, tratando de no provocarle daño permanente al otro. El señor del olvido dice:

—Estoy feliz de haber completado de forma excelente mi misión con ustedes que amaron la verdad, logrando nos entendamos. Informen a sus amigos lo ocurrido y lo hablado, yo también lo notificaré. Éxitos, y buenos caminos por siempre!

Y los cuatro le respondieron:

—Éxitos, y buenos caminos por siempre.

Juan interrumpe:

—¿Cuál es su nombre?

—Me dicen Pacificador de dolores, tiene más sentido que mi real nombre: Terhtjaxztií. Un gusto conocerlos en persona.

Y los cuatro le respondieron:

—Igualmente.

El señor del olvido, Pacificador de dolores. Se alejó atravesando la puerta, tal vez para nunca más ser visto por alguno de los del grupo de los diecinueve amigos, tal vez siguiendo algún plan secreto, u habiendo cumplido con su verdadero fin: decir la verdad ¿O sembrar la duda? Aún no era el tiempo para tal respuesta.

Cecilia, Flavia, Juan, Sabrina; compartieron miradas, silencios, hasta que Sabrina dice:

—Para mí que El Anciano sabe todo esto y esperaba que nos pase. ¿Además qué hacemos aquí?

—Es extraño —Dice Juan—, pero igualmente no íbamos a atacar a nadie que pasara por alguna puerta, hasta el punto de matarlo.

—¿Se acuerdan las cosas extrañas que nos pasó cerca de la primer puerta? Eso debe ser cuidarla —expresa Flavia—.

—Se lo contaremos a El Anciano —dice Sabrina—, veremos qué nos dice. Después de todo este dijo que si se cruzaran se saludarían...

A lo cual estuvieron de acuerdo. Luego de descansar unas horas, comenzaron a recorrer un poco los alrededores de donde se encontraban. Juan y Cecilia estaban contentos de no haber sido lo suficientemente rápidos, y así haber perdido el combate, incluso no estaban seguros de poseer la habilidad suficiente como para atacar y certeramente no dañar. Juan podría haber dirijio la bala, pese al dolor, a su blanco certero. Pero también Pacificador de dolores, podría no haberles dado la mínima oportunidad de reacción.

A la noche de estar allí Sueñosreales les avisó que en ese mismo momento volvieran. Así lo hicieron, ese lugar les causaba extrañas sensaciones, no se animaron a alejarse ni a dormir sin preocupaciones. Allí se siente que se te mueren los sentimientos. Sabrina no sabe qué puede hacer, y parecería era la que peor se sentía allí. Se aquejaba de dolor de cabeza cada vez peor, intranquilidad, sentir vacío, y opresión en todo el cuerpo. Como lo haría siempre a partir de ese momento Juan al pasar por la puerta, lo hace con su revolver y balas, como si fueran parte de si mismo. En una mano el revolver, en la otra la caja de balas, un cargador extra en el bolsillo...


(Fin del capítulo)

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(1) Muy dichoso aquel que no se guió por consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de burladores se ha sentado:
(2) Antes, en la Enseñanza de Yahweh está su deleite, y en su Enseñanza medita de día y de noche. Salmo 1.

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