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"EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes 2"
Separados en esferas lejanas
Novela mezcla de fantasía, de la primera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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—En
primer lugar estamos bajo las órdenes de Sueñosreales y
El Anciano. Aunque debemos confesar, que muchas opciones no hemos
tenido. Opino que si nos vence y nos deja seguir en paz sin hacernos
daño, sería justo que si pasara al revés
hiciéramos lo mismo. Después de todo nuestra
función principal es cuidar las puertas y objetos especiales de
no ser destruidos. Luego si hay excepciones como esa que
mencionó, dejemos lugar a la duda, pero sin tomar ninguna
decisión apresurada.
—Exacto
—dice el señor del olvido—, en otras palabras les estoy
diciendo: No se metan en las peleas de los líderes que piensen
distinto.
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—Comprendo —Dice Juan y añade— Y lamentablemente va a ser necesario medirnos en combate.
Flavia rápidamente hace elevar y mover a los cinco. Juan no supo
qué hacer más allá de tomar su arma que aún
lleva. Cecilia comienza a verse resplandecer. El señor del olvido
no puede moverse libremente por Flavia, pero al mismo tiempo que
mientras Juan lo estaba por apuntar con su revolver, y Cecilia a punto
de lanzarle un rayo para convertirle parte de su ropa en cenizas. El
señor del olvido lanza un grito agudo, y caen los cinco al suelo;
los cuatro jóvenes retorciéndose de dolor. El
señor del olvido rengueando por un golpe en la rodilla.
—Puedo aumentar su dolor aún mucho más. Voy a dejar de hacerlo si prometen no atacarme.
...y accedieron rápidamente a tal petición.
—¿Notan cuál es el problema? Si nos cruzáramos en
combate de aquí a cuando ustedes sepan pelear bien. Lo más
probable es que alguno o varios muéramos. Por ello mi
insistencia en no pelear. ¿Moriremos los guardianes por
diferencias con unas pocas puertas que causan a otros mundos
daño?
Los cuatro jóvenes estuvieron de acuerdo con tratar de agotar
todo medio pacifico disponible antes de entablar algún combate, y
solo combatir de ser esto forzosamente necesario. Los cinco estuvieron
de acuerdo de valorar hasta la vida de sus enemigos, siendo en lo
posible el único castigo frente a un combate la derrota, tratando
de no provocarle daño permanente al otro.
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El señor del olvido dice:
—Estoy feliz de haber completado de forma excelente mi misión con
ustedes que amaron la verdad, logrando nos entendamos. Informen a sus
amigos lo ocurrido y lo hablado. Éxitos, y buenos caminos por
siempre!
Y los cuatro le respondieron:
—Éxitos, y buenos caminos por siempre.
Juan interrumpe:
—¿Cuál es tu nombre?
—Me dicen el Pacificador de dolores, tiene más sentido que mi
real nombre: Terhtjaxztií. Un gusto conocerlos en persona.
Y los cuatro le respondieron:
—Igualmente.
El señor del olvido pacificador de dolores. Se alejó
atravesando la puerta, tal vez para nunca más ser visto por
alguno de los del grupo de los diecinueve amigos, tal vez siguiendo
algún plan secreto, u habiendo cumplido con su verdadero fin:
decir la verdad ¿O sembrar la duda? Aún no era el tiempo
para tal respuesta.
Cecilia, Flavia, Juan, Sabrina; compartieron miradas, silencios, hasta que Flavia dice:
—Para mí que El Anciano sabe todo esto y esperaba que nos pase.
—Es extraño —Dice Juan—, pero igualmente no íbamos a
atacar a nadie que pasara por alguna puerta, hasta el punto de matarlo.
—¿Se acuerdan las cosas extrañas que nos pasó cerca
de la primer puerta? Eso debe ser cuidarla —expresa Flavia—.
A lo cual estuvieron de acuerdo. Luego de descansar unas horas,
comenzaron a recorrer un poco los alrededores de donde se encontraban.
Juan y Cecilia estaban contentos de no haber sido lo suficientemente
rápidos y así haber perdido el combate, incluso no estaban
seguros de poseer la habilidad suficiente como para atacar y
certeramente no dañar.
A la noche de estar allí Sueñosreales les avisó que
en ese mismo momento volvieran. Así lo hicieron, ese lugar les
causaba extrañas sensaciones, no se animaron a alejarse ni a
dormir sin preocupaciones.
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