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Poema narrativo contando un cuento

Escribe Javier R. Cinacchi en
http://www.estudiargratis.com.ar/poesia/poesia_el_poeta_rosas.html
Última edición:


Historia de rosas
Javier R. Cinacchi
I
Satisfecho, repleto de alegría,
deja escapar de sus labios,
Martín Ignacio, pequeñas sonrisas.
Mientras la tarde gris moría,
al tiempo que se aleja la amiga,
que le enseñó a ver en la vida
cómo recuperar la perdida dicha.

Ya sólo en su cuarto,
en la cama, cae cansado;
lo inesperado lo acompañará,
por un inolvidable sueño.
Afuera resuena la llovizna,
en el silencio de oscuro
viernes, de frío otoño.

Sueña el durmiente, sueña,
cobijado entre tibias mantas;
en medio de fantasías,
que nacen por su alma.
Hay cosas desconocidas,
aún delante de la cara,
aún en el aire que respiras...

Despertando en el sueño,
con ojos de mojado universo,
su reflejo está en un lago.
Observando a su lado,
la belleza se destaca,
en las formas de un cuerpo,
de mujer, llena de rosas.

Él va a su encuentro:
- ¿Estás vestida de rosas?
- Son las alegrías
con las que me visto,
todas recogidas,
de lo que he vivido,
en mí, conservadas.

-¿Alegrías de la dura vida?
- Sí, son bellas sonrisas,
en los labios de una amiga,
el ver volar mariposas,
y tomar del tiempo una miga,
para contemplar hermosas,
figuras que se pintan;

en la vida que se derrama en el mundo,
bajo el sol, las nubes y los astros,
sembrando hermosas flores, que junto,
haciéndome con ellas el fino manto,
que me guarda de la pena y el llanto,
mientras con mis delicados pies camino,
las sendas de la vida que recorro.

Hablaba Martín Ignacio con la mujer,
hermosa, vestida con manto de flores,
antes de que su ser se transporte.
Ojos brillosos de manchada luna,
en el bosque de vivos colores,
a lo lejos la pequeña laguna,
y en una rama, dos gorriones.

II
Cantaban admirables los gorriones,
hasta que Martín Ignacio se acercó,
sobresaltados vuelan velozmente,
dejándolo envuelto en opaco silencio,
haciendo más espesa la noche,
en extraño colorido bosque
que lo estaba buscando.

Caminó sin rumbo pero con rumbo,
en angosto camino que encontró,
observando la hermosura del lugar.
Su percibido incierto paso detuvo,
en torrente de agitadas aguas,
que formaban un creciente río,
que no intentó atravesar.

Detenido allí, el camino se desvanecía
en verde muro. Quiso del sueño despertar,
no pudo, en otro mundo se encontraba.
Sin quererlo, al final, comenzó a nadar,
sintiendo el frío de helada agua,
que como miles de alfileres comenzaba,
a su cuerpo tembloroso a dañar.

Le costó atravesar, el río embravecido
de aguas turbulentas, al cual venció.
Pensaba cómo despertar del sueño,
cuando mirando a lo lejos, de repente;
vio a la mujer que siempre su cuerpo,
entre fogosos besos y abrazos,
quiso tener ardientemente.

De la luna su tiempo,
llena en silencio.
Ella se acercó hasta él,
él sintió en sus labios
los roses que le quitó,
el frío de todo su cuerpo.
Bajo las estrellas la amó.

Abrazándola con todas sus fuerzas,
por causa del enloquecido corazón;
tuvo el sentir de vivir una realidad plena,
que convenció a la atontada razón.
Pero todos conocemos en el alma,
cuando algo no es el final del destino.

Aún con los besos en sus labios,
Aún rodeado por las sombras,
en su recuerdo vio las rosas,
que a su amada amiga nunca envió;
y a la misteriosa mujer hermosa,
vestida con el fino manto de bellezas.

En el suelo encontró,
una triste flor y se dolió.
Era única y la contempló
mientras dejó de sentir
los besos que creyó bálsamo,
pero lo estaban haciendo morir,
al verdadero amor y vivir.

III
Contemplando una flor en el suelo,
se volvió perfecta y hermosa rosa,
quiso salir del tremendo sueño.
Con un suspiro dejó a su anhelo,
para vivir en el mundo,
de las ilusiones rotas.
Desilusiones y pesares internos.

Tiempo atrás quiso rosas,
sin esfuerzos ni el travieso llanto,
que empañan los tristes ojos,
al ver muros para las victorias.
Al tener que hacer otros intentos,
para vivir alcanzables metas.
Había sido vencido por el temor.

Pero al verse muriendo
no se dio por vencido,
ni se dejó ahogar entre besos,
de engañosos espejismos,
que querían ser sustitutos,
sin luchas ni esfuerzos.
Falsos sueños.

Tomó aquella flor en su mano
que había visto en el suelo,
encerrándola en su puño
se la acercó a su pecho;
al tiempo que levanta los ojos,
observa con asombro,
otro anhelo a lo lejos…
Lo invade el escalofrío.

Ver todo lo que deseaba,
al otro lado de obscura línea,
que divide la tierra en dos.
Mira que del otro lado, en un claro,
se hallaba todo lo que le gustaba,
y en ese momento no poseía.

Una marchitada flor en el pecho,
deseos, y una obscura línea en el suelo,
con el sentir profundo de la muerte,
si avanza siquiera otro paso,
para acercarse a todo lo que quiere,
en el concreto pequeño mundo,
en el cual, en tal momento duerme.

Sueña el durmiente, sueña,
cobijado entre tibias mantas;
en medio de fantasías,
que nacen por su alma.
Hay cosas desconocidas,
aún delante de la cara,
aún en el aire que respiras...

Quedando inmóvil en la escena,
luego de ver todo aquello,
reaccionando corre aterrorizado.
Atravesando una tupida arboleda
cae en el río de aguas turbulentas,
vuelve a sentir pinchazos en el cuerpo,
despierta sobresaltado en su lecho.

En florero escondido,
marchitas rosas
que nunca envió
a su bella amiga,
dueña del corazón,
con quien está
su vida y amor.

Corrió a buscarla con una lágrima,
y en la mano nueve nuevas rosas,
las más hermosas de todas,
que la hermosa amiga y con sonrisa,
aceptó. El sueño a un poeta se lo contó,
su vida, y lo que hizo al despertar.
Escapó del frío y silencioso fuego.




Nota aclaratoria: Sin variar y expresando que el autor es Javier R. Cinacchi en cada poema o poesía reproducida, se autoriza a copiar puntualmente cualquier poesía o poema de Javier R. Cinacchi, sin un máximo específico, de cualquier libro de poemas, siempre y cuando respete lo indicado.




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(1) Muy dichoso aquel que no se guió por consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de burladores se ha sentado:
(2) Antes, en la Enseñanza de Yahweh está su deleite, y en su Enseñanza medita de día y de noche. Salmo 1.

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