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Del libro Poesias de la vida

Rosas

 

Satisfecho, repleto de la alegría,

deja escapar de sus labios

Martín Ignacio, tenues sonrisas.

Mientras la tarde gris moría,

al tiempo que se aleja la amiga,

que le enseño a ver en la vida rosas,

que le devolvieron su perdida dicha.



Ya sólo en su cuarto,

cae cansado en el lecho,

que lo acompañará,

por un inolvidable sueño.

Afuera resuena una leve llovizna,

en el silencio de oscuro,

viernes, de frío otoño.



Sueña el durmiente, sueña

cobijado entre tibias mantas;

entre medio de fantasías,

que nacen de su inquieta alma.



Despertando en un sueño

con ojos de fría luna contempla

su reflejo en cristalino lago,

observando a su lado,

la belleza que se refleja,

en la perfecta naturaleza en un cuerpo

de deslumbrante mujer, llena de rosas.



- ¿Mujer, porque tantas rosas?

- Son las alegrías

con las que me visto,

todas recogidas,

de lo que he vivido,

tomándolas con fuerzas,

con ellas me cubro.


-¿Recoges alegrías de la dura vida?

- Sí, son bellas sonrisas,

en los labios de una amiga,

el ver volar mariposas,

y tomar del tiempo una miga,

para contemplar hermosas,

figuras que se pintan;





en la vida que se derrama en el mundo,

bajo el sol, las nubes y los astros,

sembrando hermosas flores que yo junto,

haciéndome con ellas el fino manto,

que me guarda de la pena y el llanto,

mientras con mis delicados pies camino,

por las sendas que recorro.



Dialogaba Martín Ignacio con la mujer,

hermosa, vestida con manto de flores,

antes que se encuentre,

con ojos brillosos de Luna llena,

en bosque de vivos colores,

habiendo a lo lejos pequeña laguna,

y en una rama, dos gorriones.

 

****** II ******

 

Cantaban, admirables los gorriones,

hasta que Martín Ignacio se acercó,

sobresaltados, vuelan velozmente,

dejándolo envuelto en opaco silencio,

haciendo mas espesa la noche,

en el extraño colorido bosque.



El soñador caminó, y se detuvo,

en angosto camino que halló,

contempló la hermosura del mundo,

y su rumbo incierto continuó,

fue hasta un torrente de aguas,

que no intento atravesar.



Demasiado real todo era, detenido allí,

miró hacia atrás y el camino no estaba,

simplemente quiso despertar,

no pudo, en profundo sueño se encontraba,

sin quererlo, al final, a la fuerza tuvo que nadar,

comenzó a sentir el frío de helada agua,

que como miles de alfileres comenzaba,

a su cuerpo tembloroso a dañar.



Mucho le costó atravesar,

aquel crecido río,

de aguas turbulentas

que al final venció

por no poder aguardar mas,

era morir, o vencer el temor.



Ya en la orilla pensaba en su mente,

como despertar de este extraño sueño,

cuando mirando a lo lejos de repente,

vio a la mujer que siempre su pecho,

entre fogosos besos,

quiso amar ardientemente.



Era de noche,

en gran silencio,

sintió en sus labios,

un bálsamo que le quitó,

el frío,

que en todo su cuerpo sentía,

bajo la Luna silenciosa,

la amo.



Abrazándola con todas sus fuerzas,

por causa del loco corazón,

tuvo el sentir de vivir una realidad plena,

que convenció a su razón,

hasta que en su recuerdo vio las rosas,

que a su amada amiga nunca envió,

y a la misteriosa mujer hermosa,

vestida con el fino manto de flores bellas.



Quiso olvidar todo,

pero en el suelo vio,

una triste flor,

era única y la contempló

mientras dejo de sentir,

los besos que creyó bálsamo,

y ocultamente, lo querían hacer morir,

al verdadero amor y al verdadero vivir.

 

****** III ******

 

Contemplando la flor en el suelo

perfecta y hermosa rosa,

quiso salir de tremendo sueño.

He aquí que con una lágrima,

dejó a su anhelo.

Para vivir en el concreto mundo,

en el cual ilusiones rotas,

había dejado navegando,

en un estancado tiempo,

en que quiso poseer rosas,

sin esfuerzos ni el travieso llanto,

que empañan los tristes ojos,

al ver quebrada la victoria,

al no atraparla con las manos,

al tener que hacer otros intentos,

para vivir las metas alcanzadas,

que uno lleva en el pecho.



Pero no se dio por vencido,

ni se dejó ahogar entre besos,

en engañosos espejismos,

que querían ser sustitutos,

sin luchas ni esfuerzos,

en abstracto mundo de ensueños.



Tomo aquella flor en su mano

que había visto en el suelo,

encerrándola en su puño,

se la acercó a su pecho,

al tiempo que levantaba sus ojos,

para observar con asombro,

otro anhelo a lo lejos,

que lo hizo presa del escalofrío.






Al ver todo lo que él quería

al otro lado de obscura línea,

observada al acercarse al claro,

donde se hallaba todo lo que amaba,

y en ese momento no poseía.



Una marchita flor en el pecho,

deseosa mirada ardiente en los ojos,

una obscura línea en el suelo,

y el sentir profundo de la muerte,

si avanzaba siquiera un paso,

para acercarse a todo lo que quiere,

tener en el concreto pequeño mundo,

en el cual, en tal momento duerme.



Quedando inmóvil en la escena,

luego de un instante de ver todo aquello,

reacciona y corre aterrorizado,

atravesando una tupida arboleda,

cae en el río de aguas turbulentas,

y despierta sobresaltado en el lecho.

en un florero, marchitas rosas.



Que nunca envió

a su bella amiga

la dueña de su corazón,

con quien esta

su vida, y amor.



Corrió a besarla, con una lagrima,

en la mano, una nueva rosa,

la rosa mas hermosa,

que hermosa y con sonrisa,

acepto su amiga hoy esposa.

 

Javier R. Cinacchi

 

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