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Carla hace que una rama
golpee a un perro-lobo
que comenzaba a rajuñar con sus uñas y morder un árbol. Otro,
feroz salta para adentrarse por la vegetación cuando otra rama lo
golpea, repeliéndolo con un fuerte golpe. Los árboles están
agitados.
Así Carla intenta
ahuyentar a los perro-lobos.
No puede centrarse en los cuatro al mismo tiempo. A estos se los
escucha lanzar pequeños gemidos cuando son golpeados por ramas, o
enredadas sus patas por raíces.
Uno consigue pasar. Juan da un salto, se coloca en
diagonal a él preparando sus puños para intentar pegarle en su
hocico. Pero Sonia moviéndose como si fuera loba, se detiene
mirándolo fijo, frente a frente. El perro-lobo
era más grande que ella, si no logra dominarlo, estará perdida.
Juan queda con sus espaldas al lado de Marcos; concentrado levanta
cuanta piedra encuentra como estaba haciendo antes con su amigo,
quien las vuelve rocas incandescentes de fuego. Estas flotan delante
de ellos, suspendidas en el aire a la espera de impactar.
Otro perro-lobo
logra, aunque magullado atravesar la vegetación, está en frente de
Mateos, Cristian, y Mónica. Mateos grita:
—¡Acá!
Las piedras de fuego
intentan golpear contra este perro-lobo,
solo una logra golpearle en el lomo. Esquiva y se abalanza sobre
Mónica. Mónica cruza sus brazos aguardando los filosos colmillos
los atraviesen y dañen, pero el perro-lobo
rebota a medio metro de ella. Golpeado por las piedras
de fuego, comienza a alejarse.
Dañado queda su lomo,
con una herida en el oscico
y una marca en una de sus patas que cojea, cuando una luz blanca
azulada resplandece entre la vegetación, por donde intentaba
escabullirse.
—Noo, noo… —Se
la escucha decir a Carla aunque se encontraba a espaldas de tal
resplandor.
Ramas y vegetación se vuelven cenizas, Carla
lanza un grito de dolor, queda una amplia entrada. Aparece aquel que
en un principio tanto había llamado la atención de Marcos cuando
conoció a Mónica y Carla. El perro-lobo
mal herido se refugia tras él. Las piedras
de fuego estallan al intentar impactar
contra aquel que los atacaba, son alcanzadas por traslucidos rayos
apenas azulados y blancos.
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