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La lluvia se vuelve fuertísima, gotas de agua
caen como si piedras de agua lanzadas por la nube
fueran. El día prácticamente se vuelve así, a su alrededor en
noche. La tormenta era casi sin viento, la lluvia caía en vertical
evadiendo al auto donde estaban... sólo quedan ellos en la calle,
pero saben seguramente alguien los habrá visto haciendo cosas raras,
además de los desmayados que dejó David ¿y ahora?
—No sé qué pasa… pero somos amigos. —Murmura
con susurro de brisa David y Esperanza se aplaca junto a la tormenta.
Pablo aprovecha para alejarse un poco más, encuentra un
estacionamiento donde entran. El de la garita les pregunta:
—¿Qué les pasó a los…? —Pero antes de
poder terminar de decir esto cae como dormido.
David baja del auto y lo acomoda, seguramente pensará fue un sueño.
Pablo no se siente furioso (había dejado de sentir peligro), sí
confundido como sus dos amigos que lo acompañan. Con su auto allí
llama a una grúa para llevarlo a su casa, la tormenta casi pasó y
apenas llovizna. Esperanza dice:
—Me siento muy cansada por llamar a la tormenta
¿No dijo El Anciano
estamos protegidos hasta atravesar la
primer puerta? —Pero antes que
alguien pueda murmurar una teoría, cierra los ojos de cansada,
sumergiéndose, en tierno sueño dentro del auto.
—Ella no tenía el anillo puesto ¿Será que nos
pueden atacar si no lo usamos? —Pregunta Pablo a David quien
responde:
—¡Y
qué se yo!
—Viste que el agua de la lluvia no nos tocaba,
ni a este cachivache —dice Pablo señalando a su auto.
—Sí… eso estuvo alucinante… pero vos…
—Es que no veía a quién… o quienes… o qué…
nos atacaba; aunque sentía lo hacían. Kiai,
es un grito en algunas artes marciales que se utiliza para
concentrarse en el instante preciso, dirigiendo la fuerza al emitir o
bloquear un golpe. No podía evitarlo. Mmm... como un reflejo, no
sé... creo defendí de algo.
—No sabía —dice David—, y lamento lo de tus
vidrios.
Al poco tiempo llega la grúa de auxilio, los tres estaban bien
aunque cansados y preocupados. A Pablo se le ocurrió decirle al del
auxilio que encontraron los vidrios rotos al salir de bailar.
Esperanza dormía. Fueron a la casa de Pablo donde decidieron
quedarse los tres. Esperanza quien sólo se despertaba de a ratos y
adormecida, continuó durmiendo. David y Pablo se hacían más amigos
charlando y tomando unas cervezas bien frías junto a dos ricas
pizzas que encargaron.
Llamaron antes a varios
del grupo, contándoles y advirtiendo tengan cuidado, como así
también que mejor no se saquen el anillo. Por las dudas...
…
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