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EL Grupo de los Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con realidad, de la tercera edición (Continuación.)

Autor: Javier R. Cinacchi

Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente  prohibida, sin autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.

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¿Los dormí a todos los que nos miraban? —Se pregunta a sí mismo David en voz alta.

Se alejan apresurados. Pablo y David se contrarrestaban mutuamente. David con su paz, y Pablo con su deseo de pelear ante sentir los atacan. No obstante, parece ser que evitaron le hagan daño a Esperanza, quien les dice:

Sentía la vida se iba de mí, estoy muy asustada chicos…

¡Kiai! —Grita Pablo muy fuerte interrumpiendo y perdiendo un instante el control del auto.


 

Los vidrios de éste, se transforman en pequeños cuadraditos derramándose al pavimento, rozando por fuera la descolorida chapa, como si el grito los hubiera golpeado. Pablo frena y vuelve a acelerar. David y Esperanza se tapan aún los oídos por el sobresalto del grito. Dejando esta postura David le dice a Pablo con voz de enojado:

¡Por qué demonios haces eso!

Oh no… —dice Esperanza desmayándose.

Realmente estaban llamando tremendamente la atención, cosa que no deseaban hacer ¿Qué explicación darían si no comprenden lo que ocurre? ¿Que tienen superpoderes?

Detené el auto. Esto es demasiado —murmura suavemente David como si su voz fuera provocada por brisa de aire de aleteo de aves.

Ya-me-can-sé… de ustedes dos —Dice incorporándose en sí, nuevamente Esperanza.

Pablo continua avanzando unas cuadras hacia donde no llamen la atención, nuevamente relajado, pero sin saber bien que hacer, más allá de que se alejaran a algún lado. Llega a una calle poco transitada sin que alguien los mire, donde estaciona el auto.

Comienza a volverse negro el cielo por nubes formándose muy rápidamente. Al instante, llueve muy fuerte. En ese momento Esperanza enojada se coloca el anillo, a lo cual Pablo y David sienten un breve temor y se miran.

 
 

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La lluvia se vuelve fuertísima, gotas de agua caen como si piedras de agua lanzadas por la nube fueran. El día prácticamente se vuelve así, a su alrededor en noche. La tormenta era casi sin viento, la lluvia caía en vertical evadiendo al auto donde estaban... sólo quedan ellos en la calle, pero saben seguramente alguien los habrá visto haciendo cosas raras, además de los desmayados que dejó David ¿y ahora?

No sé qué pasa… pero somos amigos. —Murmura con susurro de brisa David y Esperanza se aplaca junto a la tormenta.

Pablo aprovecha para alejarse un poco más, encuentra un estacionamiento donde entran. El de la garita les pregunta:

¿Qué les pasó a los…? —Pero antes de poder terminar de decir esto cae como dormido.

David baja del auto y lo acomoda, seguramente pensará fue un sueño. Pablo no se siente furioso (había dejado de sentir peligro), sí confundido como sus dos amigos que lo acompañan. Con su auto allí llama a una grúa para llevarlo a su casa, la tormenta casi pasó y apenas llovizna. Esperanza dice:

Me siento muy cansada por llamar a la tormenta ¿No dijo El Anciano estamos protegidos hasta atravesar la primer puerta? —Pero antes que alguien pueda murmurar una teoría, cierra los ojos de cansada, sumergiéndose, en tierno sueño dentro del auto.

Ella no tenía el anillo puesto ¿Será que nos pueden atacar si no lo usamos? —Pregunta Pablo a David quien responde:

¡Y qué se yo!

Viste que el agua de la lluvia no nos tocaba, ni a este cachivache —dice Pablo señalando a su auto.

Sí… eso estuvo alucinante… pero vos…

Es que no veía a quién… o quienes… o qué… nos atacaba; aunque sentía lo hacían. Kiai, es un grito en algunas artes marciales que se utiliza para concentrarse en el instante preciso, dirigiendo la fuerza al emitir o bloquear un golpe. No podía evitarlo. Mmm... como un reflejo, no sé... creo defendí de algo.

No sabía —dice David—, y lamento lo de tus vidrios.

Al poco tiempo llega la grúa de auxilio, los tres estaban bien aunque cansados y preocupados. A Pablo se le ocurrió decirle al del auxilio que encontraron los vidrios rotos al salir de bailar. Esperanza dormía. Fueron a la casa de Pablo donde decidieron quedarse los tres. Esperanza quien sólo se despertaba de a ratos y adormecida, continuó durmiendo. David y Pablo se hacían más amigos charlando y tomando unas cervezas bien frías junto a dos ricas pizzas que encargaron.

Llamaron antes a varios del grupo, contándoles y advirtiendo tengan cuidado, como así también que mejor no se saquen el anillo. Por las dudas...

 

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