|
Marcos y Mónica fueron los primeros. Ellos, más que estar atentos,
disfrutaron sus abrazos; entre momentos de susurros, silencios y
besos. Cuando el sueño se les hizo muy presente, llamaron a Miguel.
Éste estaba con Sabrina y la escena intentó repetirse, salvo que
Sabrina a cada ruidito se sobresaltaba.
Luego siguió
vigilando no pase nada raro, Verónica; quien comenzó en un momento,
ganada por el aburrimiento, a realizar una especie de danza,
estando descalza. Luego comenzó a entrenarse un poco en Kun-fu. Y en
esto estaba hasta que…
—¡Quien está allí! ¡Quien está! ¡Hable
ahora!
Mientras en sobresaltos salen de las carpas y bolsas de dormir sus
compañeros. Verónica observa entre la vegetación a unos reflejos
de ojos que la miran; la mayoría no a más de un metro de la tierra.
Uno a uno se miraban, el
Grupo de los Diecinueve Jóvenes
preguntándose que hacer. Sonia afirmó:
—Lo que está ahí no son animales.
Cristian entonces habla
en su forma particular:
Han salido de donde vienen,
a mirar a los extraños
que los miran;
corren peligro ellos, no nosotros,
desconocen nuestra torpeza con la fuerza.
Al decir esto, a Marcos se le fue la idea de hacer una bola de fuego
para tirársela cerca. David, comienza a irradiar paz. Uno a uno se
alejan a continuar su mal sueño sin importarles mucho la situación,
incluyendo a Verónica quien se despidió diciendo que hasta ahí
llegaba su guardia. David y Cristian se quedan despiertos.
—¿Cómo sabes si no desean hacernos daño?
—Pregunta David
a Cristian.
—Los vi en actitud de contemplación y asombro
mirándonos. Además no podemos atacar, o mostrarnos agresivos, por
más que nos sintamos atacados por miedo.
—Obvio sí… ¡viste!…
necesitamos aprender tanto…
David y Cristian charlaron, aquellos seres
se alejaron. Luego de un rato, deciden llamar a Carla y Mateos, para
continuaran despiertos ellos mientras descansaban un poco, aunque ya
casi amanecía.
|