|
—¿Y a quien no le gustaría ser un exitoso y
reconocido profesional? ¿No podría decirse a eso su gloria? —Opina
Marcos.
Lo de reconocido creo que no es del todo necesario… —Opina David,
añade—: No hace falta agrandarse… es más, el no agrandarse es
un signo de grandeza, siendo digno.
—Yo atravesaría esa puerta—. Dice Esperanza.
—¿Y si tendríamos que pasar por peligros para
poder llegar? ¿O si es un castillo y desaparecemos juntos con él?—
Pregunta Sabrina, quizás la más temerosa del grupo.
—¿Y qué gloria podría venir sin una pelea?
—Dice Miguel, ríe para disimular y continúa—: ¡Doy mi vida por
ti Sabrina!
—¡Esa…!
— Se escuchó a más de uno decir.
—Gracias lindo… pero… no sé… ¿no es
arriesgarse innecesariamente?
—Eso lo dices tú, porque no peligró tu vida.
Las decisiones dependen de las situaciones ¿no? —Le responde
Esperanza.
—Sí… tal vez, espero algo nos de una pista,
al menos de saber si lo que nos dijo El
Anciano es verdad—. Dice Sabrina,
añade—: Podríamos acampar en frente de ese “castillo”. Si
existe, dejar algo dentro y si desaparece… comprobar luego si
vuelve… vemos si está.
—Buena idea. Que sea una planta y un animalito—.
Dice Carla.
—¿Y nos dejamos conocer o no? —Pregunta
Verónica. Añade—: Ya saben… eso de hacer rayos… crear fuego…
tormentas… manejar cosas… hacer caer en profundo sueño… y
demás manifestaciones extrañas… llaman la atención…
—Sospecho, seremos leyendas… —Dice Rubén
ahogándosele la vos quedando mirando pensativo a un distante punto.
—No entiendo. ¿Por qué preocuparse por esas
cosas? Cada uno haga lo que mejor le parezca ¿no? —Dice Juan.
—Si hablamos, no callamos; si no nos ocultamos
nos dejamos ver… —Dice Carla. Añade—: ¿A medias? Unos sí y
otros no… no sé… ¿cada uno por su lado? No queremos eso.
—Es que yo les mostré a algunos que podía
hacer... mi agilidad…mi nueva destreza de ser apenas percibida,
como si fuera un fantasma moviéndose rápido. Me concentro tanto que
veo a los otros lentos y puedo moverme antes que ellos, casi sin ser
percibida—. Dice Verónica, siendo tan representativas sus palabras
que no necesitaron demostraciones.
Y así los Jóvenes hablaron mucho.
Las palabras que se decían los iban forjando más en el pensamiento,
cada palabra que pronunciaban eran escuchadas entre ellos con mucha
atención. Tanto las frases tontas como las sabias y envueltas en
reflexiones, como así también las sentimentales y afectuosas.
Por primera vez
comenzaron a hablar de algo que no sabían bien que pensar: Gloria,
ser héroes, volverse leyendas… Palabras que al mencionarlas les
causaban una extraña… podría decirse: “sed”. Incluso algunos
llegaron a dirigirse miraditas de desconfianza, principalmente por
temor a que algún corazón diera lugar a sentimientos morbosos dando
lugar a problemas.
Durmieron poco, reflexionaron algunos de ellos
acostados antes de dormirse... Y al amanecer, entre una vida de
aventuras rodeadas de maravillas y misterios; a una, llena de las
cosas cotidianas; más la motivación de la carencia de seguridad que
poseían... ¿Quién sabe, si les entregaban los anillos al señor
del olvido o
el anciano los dejarían vivir?
Decidieron seguir adelante, una vez más, estando juntos.
Así continuaron, y las rutas en su mayoría de
asfalto ahora se volvieron en su totalidad de tierra. Éstas, al
final del trayecto comenzaron a ser apenas caminos.
Se desviaron un poco para entregarles una pequeña
ayuda a un centro de asistencia comunitario,
especialmente para aborígenes necesitados. Se sintieron muy felices,
plenos, hasta algunos derramaron disimuladas lágrimas de felicidad
al sentir que ayudaban a otros desinteresadamente.
Continuaron los últimos cientos de kilómetros
que les llevarían horas, entre caminos muy poco cuidados y
embarrados, rodeados de arboles, cactus, abundante vegetación y
fauna.
Llegaron al círculo final
marcado en el mapa, donde acamparon adentrándose entre la vegetación
del Impenetrable, estando decididos a continuar cuando amaneciera.
|