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Asimismo, todos se
hacían una pregunta y nadie quería plantearla primero, por
vergüenza y temor a que piensen mal: “¿Hasta cuándo
esperaremos?”
Cristian se lo solía
ver con su mirada hacia la lejanía, o contemplando algo cercano sin
encontrar respuestas, sabiendo que el tiempo disponible se les
acortaba. Todos intentaban saber qué hacer, y todos salvo Mónica en
esos días, no pensaban quedarse a vivir allí.
Mateos, realizaba profundas reflexiones, y
evaluaba alternativas alejándose solitario
para meditar, y a veces comentaba ideas.
Al seguir transcurriendo
los días sin novedad, se pusieron de acuerdo si se iba a demorar la
tardanza más de dos meses, en lo siguiente:
1. Dejar a un pequeño
grupo y relevarlo durante meses, los cuales no permitirían que
extraños se acerquen, si no están con algún conocido. Los
asustarían ¡no sea que destruyan la
puerta!
2. Contar todo lo
ocurrido demostrando sus habilidades, a los allegados de David y
Marcos.
3. Dejar las piedras
corridas para que puedan salir. Aunque Carla volvería a ocultar un
poco con vegetación. Y dejarían una camioneta con algunas cosas.
Carla es la primera en mencionar la pregunta:
—Estoy muy triste por lo ocurrido, pero debemos
hacer algo. Pasaron dos semanas que estamos aquí y si no volvemos en
dos semanas más, nos comenzarán a buscar preocupados. De hecho,
seguro que ya están asustados nuestros familiares. No los hemos
llamado aún…
—No voy a abandonar a Marcos y David. ¿No se
supone que tengo que protegerlos?—. Dice Mónica
—Todos nos protegemos mutuamente —le responde
Noemí—, pero hay cosas que nos superan… todo esto es muy raro.
—Bueno… decidamos quién se queda y quién se
va. Las cosas no siempre salen bien…— Dice Juan y lo miran sin
responderle.
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