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EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con
realidad, de la tercera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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Contó, la ausencia de
los animalitos es a causa de no provocar sustos innecesarios con
algún visitante.
Y también para que éstos no atraviesen la
puerta, ya que de hacerlo podrían
morir o ir a un lugar en donde no deberían estar. Les advirtió
entonces, nunca atravesaran una puerta
sin su anillo (u
otro objeto especial)
pues estos sirven de conexión entre la puerta y sus cuerpos, siendo
una medida de seguridad para no se pierdan, o mueran, entre confusión
con otras cosas o con ellos mismos. También les comentó existen
algunos objetos,
como la espada que poseía el rey, los cuales haciendo demorar más
el viaje, pueden trasladar a varios, luego de ser tocada por los
viajeros.
En un
momento,
de lejos, observaron las torres de un castillo: |
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—Es para recibir a los que vieron, y también a
otros… iríamos allí pero ya está ocupado ese lugar. Discúlpenme,
pero el rey suele pedir consejos de guerra y paz, desean hablar solos
de consejos que afectaran a muchos—.
Dice Abbila.
Al poco tiempo, llegan a
un campamento, con casitas realizadas con paja y troncos. Posee una
fogata en el medio rodeada por piedras. Los invitaron a ponerse
cómodos.
Un grupo de personas vestidos con túnicas blancas y sandalias que
parecían de cuero blanco, los asistieron y brindaron comodidades.
Éstos conversaron con los jóvenes muy pocas palabras, pues no
comprendían el idioma bien, se los observaban muy contentos, tanto o
más que ellos. Les trajeron sillas, cubiertos, agua, pan, frutas y
semillas que Abbila dijo eran totalmente comestibles. Cambiaron unas
camas de paja por otras, prendieron antorchas y ambientaron el lugar
de forma acorde. Hasta comenzaron a realizar música con unos
instrumentos musicales parecidos a arpas con un caparazón extraño
detrás, de unas ocho cuerdas, éstas reproducían su sonido al ser
tocarlas con un arco. La melodía a veces asemejaba como si fuera el
viento.
A las horas, comenzando
a tornarse de un rojo fuerte el cielo, llega aquel encontrado por
algunos: el extraño vestido de negro.
—¡Estén tranquilos! ¡No hay ningún
inconveniente! —Los saluda así, y saluda a todos los de allí como
si los conociera.
—Es él, del que hablamos, el
que afecta las mentes—. Les dijo
Noemí a sus compañeros.
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—Él es un guardián
de los más fuertes que he oído—.
Dice Abbila señalando al que afecta las
mentes, añade—: Su nombre es difícil
traducirlo a su idioma... Supongo, podrían llamarlo Sueñosreales.
Su nombre es dicho en señas, luminosidades y en distintas voces. Ha
derrotado a los que desean el olvido,
incontables veces, incluso es temido por algunos guardianes.
—¡Ja!
—Interrumpe Sueñosreales— Me alegro que aquí estén… sí,
llámenme el Señor Sueñosreales, no me agrada “el
que afecta las mentes”.
No me teman, no usaré mi fuerza contra ustedes, salvo se los avise,
muchos cobardes me temen, no me teman, seré su amigo.
—Muchos guardianes
—les dice Abbila—. Han deseado poder hablar con el Señor
Sueñosreales, en realidad todos aquellos que escucharon hablar de
él. Sueñosreales viene de una edad muy antigua, tal vez más de
diez mil años de ustedes.
—¿Cómo puede ser posible? —Dice David.
—David ¡hombre con la fuerza de la paz!
poseedor de una virtud, más valiosa que cualquier arma. Los
guardianes de las puertas somos aunque
pocos, miles. Sólo muere uno de nosotros, si es vencido por alguien
o por viejo, al no desear ser mas guardián de las puertas, siendo
esto ultimo muy pocas veces dado y algo complicado. En su caso, si
atraviesan una puerta cada quince años aproximadamente (aunque sea
la misma) sus cuerpos se regenerarán y no envejecerán. —Añade,
ahora mirando a Abbila—: Abbila, en poco, no dudo usted también
será guardiana,
intentaremos así sea. No obstante, debo pedirle a usted y a los
presentes; como sabe, nos dejen solos. Debo hablarles secretos a
estos nuevos. Como siempre, les estamos muy agradecidos a su esfera y
pueden contar con nosotros.
Hasta luego —Saludó Abbila y
añadió contenta—: Aguardo ansiosa tu aviso Sueñosreales, estoy
muy feliz.
Se saludaron, y muy alegres por
el encuentro, los de túnicas blancas, saludaron a los humanos
nuevamente, y al Señor Sueñosreales con una reverencia, para a paso
ligero marcharse.
—¡Novatos! —Dice Sueñosreales— Es tarde
ya; no ignoro de las tantas preguntas que rondan en sus cabezas; es
más, les digo por si no se han dado cuenta, cuando quiero escucho
sus pensamientos. Les daré respuestas mañana, tuve antes de estar
aquí, un trabajo extra que no deseaba y no muy grato para mí. Iré
a descansar, además siento su deseo de hablar entre ustedes. En este
mundo, como ocurre en pocos, los guardianes
estamos totalmente en paz. No se alejen y siéntanse en libertad,
estaré en profundo sueño. Hasta mañana...
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