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A temprana hora, desayunan
y levantan el campamento. La intensidad de la luz del collar
aumentaba en una dirección donde no observan ningún camino. No
obstante, podrían a kilómetros intentar en otro camino, que corre
paralelo en el cual transitaban, para saber si estaba entre ambos el
lugar donde querían ir.
Se desilusionaron un poco al comprobar que aun
debían seguir, pues nuevamente les ocurrió
lo mismo. Lo cual se repitió dos veces más, hasta donde según la
luminosidad, aparentemente debían estar saliendo del camino,
adentrándose en la selva, volviendo un poco hacia atrás.
Así hicieron. En una
parte observaron podían adentrarse con los vehículos, lo suficiente
para que Carla los ocultara totalmente, dejándolos entre la
vegetación. Cargaron sus mochilas y carpas, alejándose en la
búsqueda de aquel castillo ¿de sueños?
El camino fue lento hasta que Carla y Mónica
comenzaron a alejar la vegetación por donde caminaban. Marcos
observaba varias aves de fuego.
Supusieron, tal vez tendrían algo que ver con su proximidad al
castillo, esto les dio ánimos. La luz fue cada vez más intensa, de
tal forma que allí donde llegaban débilmente los rayos del sol,
iluminaba a su alrededor.
El castillo no aparecía, acamparon al llegar la noche.
Juan estaba armando nuevamente las carpas cuando
Cristian comienza a mirar lentamente y muy
atento a su alrededor. Su comportamiento se prolonga, los demás
comenzaron luego a comer sin él, sentados al lado respetando su
silencio aunque murmurando de él.
—Loco…
¿Estás bien? ¿Ves algo raro? —Le
Dice Pablo. Al no recibir respuesta
de Cristian quien ahora se encuentra mirando fijo hacia una misma
dirección hace más de quince minutos. Le toca con el dedo varias
veces su hombro añadiendo—:
¿Te vas a quedar sin palabras mirando a la nada toda la noche? Ya
nos preocupa un poco.
Cristian lentamente mira
a Pablo. Dice:
—No entiendo.
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