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EL Grupo de los Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con realidad, de la tercera edición (Continuación.)

Autor: Javier R. Cinacchi

Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente  prohibida, sin autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.

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Se detuvieron allí, donde descansaron un poco mientras los demás compañeros se acercan por la larga escalera.

Mejor no toquemos nada—. Dice Juan.

Caminaron todos juntos en fila rodeados de jarros, vasijas y otros recipientes, algunas cerrados y otros no, de cosas de oro y/o piedras preciosas. Había allí entre otros: Monedas de oro, piedras extrañas que parecían tener algo de luz propia, espadas de un material muy brilloso y coronas. También cosas extrañas como ser: garras de algún metal en forma de guante, una especie de bastones de un material verde semejante al mármol, águilas de un material pulido muy brilloso, mascaras, y un largo itinerario de objetos extraños y muy tentadores; incluyendo unas túnicas negras con algunos diamantes pequeños (o algo muy parecido) incrustados, como si representara un cielo estrellado. Estas se encontraban al final de la fila.


 

No detectó ningún dispositivo extraño, que se active al tomar algo, igualmente, no agarraremos nada—. Dice en voz fuerte, casi gritando, Juan.

De esta forma el primer grupo quedó al final del sendero, luego de haber avanzando entre tesoros; el segundo en el principio. Los primeros, intentaron mover la segunda puerta de piedra y no pudieron.

¿Será una puerta? ¿O tan solo todo se trata de este tesoro? ¿Y ahora qué hacemos? ¿O tal vez el tesoro está como último recurso para distraer? —Pregunta Marcos.

Tal vez tenga algún dispositivo — Dice Mónica.

Disculpa… pero es una piedra rectangular, por medio metro de ancho y dos de alto… Y no sé si nos conviene intentar romperla, no sabemos que hay del otro lado. Y me parece que no es muy gruesa— Dice Juan.

¿Y nos vamos a quedar acá sin hacer nada? —Opina Miguel.

¿Ceci no dice poder hacer polvo cosas? —Comenta Mónica.

El problema es que suponiendo se pueda romper, ¿Qué hacemos luego si nos arrepentimos? —Dice Cristian.

 
 

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No se decidían a romper la piedra. Luego de un tiempo, se acercaron todos, pisando de vez en cuando algo de los tesoros y al final se pusieron a verlos porque notaron nada ocurría. Esto, luego de que Rubén pateara un jarrón de oro, sin querer, el cual poseía perlas o algo parecido.

Entre ellos, una de las cosas que más llamaron la atención, fueron unas esferas de aproximadamente veinte centímetros de diámetro, de un color que se movía. Como si un remolino entre negros brillosos se moviera en todo el perímetro de la esfera. Cristian dijo al mirarla como un minuto le daban una sensación de miedo, y al decir esto nadie más las volvió a tocar. Pero eran muy bellas. Había una blanca y “los remolinos” de un tono anaranjado.

Estaban haciendo considerable desorden hasta que Juan, Pablo, Miguel y Mateos se pusieron de acuerdo para empujar haciendo palanca. Nada ocurrió. Salvo que Pablo rompió la punta de una espada, indudablemente muy valiosa, una espada ancha de doble filo.

Se me ocurre… —Dice Mateos— Podría intentar formar vapor de agua, una niebla, y llevarla entre la piedra, tal vez resbale más… No, no… ya sé… Marcos la calienta, y luego la mojamos de esa forma tal vez afloje.

Estuvieron de acuerdo, Marcos comenzó a Calentar la piedra que crujía, en un momento le pasa su collar que por ese entonces llevaba en la mano a Mónica. Por la escalera Mateos a descender niebla muy molesta, que se condensaba en agua. Notaron, el agua acumulada se escurría por pequeños orificios en el piso, al final de la escalera. No obstante, logró, dirigir una especie de nube a la piedra incandescente, la cual comenzó a enfriarse no muy rápido. Tomaron unas espadas, no se rompieron mientras hacían palanca con la piedra que comenzó a ceder. Moverla totalmente les llevó horas, descansando a cada ratito, quedando exhaustos, de vez en cuando repitiendo el proceso de calentarla / enfriarla con condensación de agua.

Corrida la piedra, cuando pudieron observar a los costados de esta, vieron un gran salón. Esculpido en roca, con baño aparentemente de oro, y rodeado de cuadros en hilera. Uno a uno asombrados por el descubrimiento, fueron ingresando, al lograr terminar de correr la piedra en forma de puerta. Allí adentro la luz del collar era tan intensa que comenzaba a molestar.

 

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