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No se decidían a romper
la piedra. Luego de un tiempo, se acercaron todos, pisando de vez en
cuando algo de los tesoros y al final se pusieron a verlos porque
notaron nada ocurría. Esto, luego de que Rubén pateara un jarrón
de oro, sin querer, el cual poseía perlas o algo parecido.
Entre ellos, una de las cosas que más llamaron la atención, fueron
unas esferas de aproximadamente veinte centímetros de diámetro, de
un color que se movía. Como si un remolino entre negros brillosos se
moviera en todo el perímetro de la esfera. Cristian dijo al mirarla
como un minuto le daban una sensación de miedo, y al decir esto
nadie más las volvió a tocar. Pero eran muy bellas. Había una
blanca y “los remolinos” de un tono anaranjado.
Estaban haciendo considerable
desorden hasta que Juan, Pablo, Miguel y Mateos se pusieron de
acuerdo para empujar haciendo palanca. Nada ocurrió. Salvo que Pablo
rompió la punta de una espada, indudablemente muy valiosa, una
espada ancha de doble filo.
—Se me ocurre… —Dice Mateos— Podría
intentar formar vapor de agua, una niebla, y llevarla entre la
piedra, tal vez resbale más… No, no… ya sé… Marcos la
calienta, y luego la mojamos de esa forma tal vez afloje.
Estuvieron de acuerdo, Marcos comenzó a Calentar la piedra que
crujía, en un momento le pasa su collar que por ese entonces llevaba
en la mano a Mónica. Por la escalera Mateos a descender niebla muy
molesta, que se condensaba en agua. Notaron, el agua acumulada se
escurría por pequeños orificios en el piso, al final de la
escalera. No obstante, logró, dirigir una especie de nube a la
piedra incandescente, la cual comenzó a enfriarse no muy rápido.
Tomaron unas espadas, no se rompieron mientras hacían palanca con la
piedra que comenzó a ceder. Moverla totalmente les llevó horas,
descansando a cada ratito, quedando exhaustos, de vez en cuando
repitiendo el proceso de calentarla / enfriarla con condensación de
agua.
Corrida la piedra, cuando pudieron observar a los costados de esta,
vieron un gran salón. Esculpido en roca, con baño aparentemente de
oro, y rodeado de cuadros en hilera. Uno a uno asombrados por el
descubrimiento, fueron ingresando, al lograr terminar de correr la
piedra en forma de puerta. Allí adentro la luz del collar era tan
intensa que comenzaba a molestar.
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