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EL Grupo de los Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con realidad, de la tercera edición (Continuación.)

Autor: Javier R. Cinacchi

Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente  prohibida, sin autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.

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Siguieron esperando, incluso a Juan le dio vergüenza por plantear ya el separarse en grupos, pero a él, parecería le gustaba dar iniciativas más que querer separarse o no esperar a Marcos y David, igualmente pensaba pero no comentó ¿hacía falta que estén todos esperando?

No querían abandonar a sus amigos, teniendo la esperanza de que volverían por el mismo lugar de por donde se fueron.

Se decidieron a quedarse hasta prácticamente se les acabara el alimento dejándoles suministros mínimos a los que quedaran. Se lamentaban de lo tan mal que les iba, en especial al pensar en lo preocupados que deberían estar todos sus seres queridos, luego de extenderse su estadía ahí.

 

Pero a la tercera semana, comenzaron a dejar un poco atrás la fatalidad en algunos momentos, y tan solo esperaban. A los pocos días siguientes comenzaron a hacerse bromas, no sin sentir pena cuando pensaban en Marcos y David, incluso Mónica se sentía un poco mejor.

El Grupo de los Diecinueve Jóvenes, poseen equipos de radio, y lo único que conocen es llamarse entre ellos, no saben nada de repetidoras, o demás. Transcurrió unos días y casi iba a ser un mes cuando:

Se me ocurre —dice Sonia—, es momento… aunque todos tenemos preocupaciones para no estar aquí, y a su vez deseamos estar para no abandonar. Sólo se marche una camioneta, con tres o cuatro de nosotros, hasta el pueblo más cercano donde podríamos comunicarnos para decir, momentáneamente… decidimos quedarnos aquí un mes más… acampamos cerca de un lugar singular… donde encontramos algunas cosas antiguas de valor… y necesitamos tiempo. Algo así.

Esta forma de expresar, les pareció bien, para alargar la espera un poco más, para así no tener que enfrentar aun la gran pena del decir que Marcos y David desaparecieron al atravesar algo, causando una gran tristeza a los padres de ellos. Aunque a muchos no les agradó mentir, así harían por el momento.

 
 

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Se alejaron del campamento Cristian, Carla, Rubén, Noemí y Flavia. Aunque en realidad a esta altura, todos tenían muchos deseos de comunicarse con sus hogares e incluso algunos de marcharse. Si no fuera porque dos de ellos estaban “perdidos”; por no estar acostumbrados a la carencia de aquello con lo cual sí estaban acostumbrados, estarían de nuevo cada uno en sus cotidianidades haciendo lo de siempre, incluyendo el desear de vez en cuando hacer algo distinto... algunos maldecían el día en que quisieron formar un grupo para hacer algo distinto de lo común.

Emprendieron entonces el pequeño grupito el lento viaje, para comunicarse y comprar lo necesario para continuar acampando. En la ida tuvieron la complicación de perderse como cuatro horas intentando encontrar los vehículos para poder buscar el pueblo más cercano, pese a que Cristian y Carla guiaban.

Ya en un hallado pueblito, luego de llamar a cada hogar con los números telefónicos que anotaron, hicieron las compras. Regresaron al campamento llevando alimentos en el equipaje y en las barras, más algunas gaseosas y agua mineral, toda la que consiguieron y podían cargar. De hecho casi se compraron toda una despensa.

Cambiando un poco de tema —dice Rubén, interrumpiendo una charla en la camioneta sobre que harían si para peor alguien se enfermara— ¿Por qué algunos no podremos hacer cosas extrañas?

Supongo, es cuestión de tiempo… —Dice Carla.

A mí me gustaría volar —Dice en chiste Noemí, aunque era lo deseado por ella.

Estaban hablando de esto, cuando se les comienza a oscurecerse todo a su alrededor, no como si se hiciera de noche; como si alguien gradualmente descendiera la fuerza de la luminosidad comenzando a envolver lo que se observa, en la carencia total de luz.

¿Alguien está haciendo esto? —Pregunta Rubén, quien conducía.

Habla Cristian:

Alguien, adelante, en nuestro camino;

nos envuelve en extraño manto.

Su palpitar del corazón retumba

en su pecho ¿habrá amor?

¿He? —Dice Rubén, deteniendo la camioneta alejándola metros del camino.

 

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