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Se alejaron del campamento Cristian, Carla, Rubén, Noemí y Flavia.
Aunque en realidad a esta altura, todos tenían muchos deseos de
comunicarse con sus hogares e incluso algunos de marcharse. Si no
fuera porque dos de ellos estaban “perdidos”; por no estar
acostumbrados a la carencia de aquello con lo cual sí estaban
acostumbrados, estarían de nuevo cada uno en sus cotidianidades
haciendo lo de siempre, incluyendo el desear de vez en cuando hacer
algo distinto... algunos maldecían el día en que quisieron formar
un grupo para hacer algo distinto de lo común.
Emprendieron entonces el
pequeño grupito el lento viaje, para comunicarse y comprar lo
necesario para continuar acampando. En la ida tuvieron la
complicación de perderse como cuatro horas intentando encontrar los
vehículos para poder buscar el pueblo más cercano, pese a que
Cristian y Carla guiaban.
Ya en un hallado pueblito,
luego de llamar a cada hogar con los números telefónicos que
anotaron, hicieron las compras. Regresaron al campamento llevando
alimentos en el equipaje y en las barras, más algunas gaseosas y
agua mineral, toda la que consiguieron y podían cargar. De hecho
casi se compraron toda una despensa.
—Cambiando un poco de tema —dice Rubén,
interrumpiendo una charla en la camioneta sobre que harían si para
peor alguien se enfermara— ¿Por qué algunos no podremos hacer
cosas extrañas?
—Supongo, es cuestión de tiempo… —Dice
Carla.
—A mí me gustaría volar —Dice
en chiste Noemí, aunque era lo deseado por ella.
Estaban hablando de esto, cuando se
les comienza a oscurecerse todo a su alrededor, no como si se hiciera
de noche; como si alguien gradualmente descendiera la fuerza de la
luminosidad comenzando a envolver lo que se observa, en la carencia
total de luz.
—¿Alguien está haciendo esto? —Pregunta
Rubén, quien conducía.
Habla Cristian:
Alguien, adelante, en
nuestro camino;
nos envuelve en extraño
manto.
Su palpitar del corazón retumba
en su pecho ¿habrá
amor?
—¿He? —Dice Rubén, deteniendo la camioneta
alejándola metros del camino.
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