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EL Grupo de los Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con realidad, de la tercera edición (Continuación.)

Autor: Javier R. Cinacchi

Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente  prohibida, sin autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.

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Ahora, al verlos caídos a estos, intenta mantener con gran esfuerzo, que el fuego no se acerque más. Intenta, intenta… y lo peor ahora es el calor sofocante ¿Qué ha hecho? ¿Morirían por culpa suya? Aleja su mirada de sus compañeros por temor de que ya hayan muerto, cierra los ojos e intenta alejar el fuego concentrado únicamente en este, aunque le cueste su ultima respiración.

Comienza a costarle el tener consciencia de lo que ocurre a su alrededor, el cansancio invadiéndolo unido al temor. Siente alejarse sus sentidos… ya sin fuerzas, cae desmayado.

¿Sería este el final de ellos?

 

A los minutos comienza a incorporarse Marcos, el que más resiste al fuego.

Ve volando sobre ellos un ave de fuego; a sus amigos, tendidos en la tierra, Mónica le da la sensación, lo último que intentó fue tocarlo, acercando su mano a él. A Marcos le retumba el corazón en su pecho pareciéndole que quiere gritarle… alrededor de ellos la vegetación está como quemada, aunque no totalmente en algunas partes, hacia los costados. Se veía como si una bola de fuego se hubiera movido de forma recta unos veinte metros quemando a su paso.

A sus amigos tendidos en el suelo se los observa sucios, y hay un poco de humo, no se hace fuego para mirar mejor.

Se sienta en silencio, la angustia que siente es tan grande que le impide moverse y hasta llorar, más allá que las lágrimas que se le caen por sentir ardor en los ojos. Se ha dado por vencido.

Pero… ¡comienza a moverse Mónica! a intentar ponerse en pie, está viva. De apoco también están parándose y volviendo en sí cada uno de sus amigos. Están podría decirse: bien.

El auto de Juan no estaba, en su lugar había unos trozos de goma, plástico y vidrios, sin rastros de metales. El coche de Cristian, al cual Juan en un instante lo había alejado como para que tomara más carrera… pero no llegó a hacer nada, estaba intacto, con algunas cenizas sobre él. Los árboles se observan dañados en especial la parte hacia donde había estado parado el señor del olvido. Allí solo habían cenizas, sin vegetación.

 
 

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Uno a uno se ayudan a ponerse en pie. Marcos llora como un niño y abrasa a cada uno. Juan enciende un poco las luces del auto de Cristian.

Habían sido sorprendidos por un señor del olvido y cuatro aprendices del olvido. Estos últimos se habían convertido en perro-lobos animales mitad perro mitad lobo, del tamaño de una persona con grandes dientes y pelo negro brilloso, ágiles, fuertes pero un poco menos inteligentes que una persona, en tal estado.

¿Están todos bien? Esto es un desastre —Dice Mónica sollozando.

A lo cual algunos murmuraron temblorosos y ahogados “sí”; Carla “Sí, pero mis plantas no”; Sonia llorando añade “mis murciélagos…”; Juan “mi auto se hizo cenizas, ¡es fatal!”.

Se sientan, y se quedan en silencio, algunos se agarran la cabeza, otros apenas pueden estar en pie. A los minutos, habiéndose corrido unos metros del lugar ayudándose entre sí:

¿Ganamos? —Pregunta Sonia sentada en una raíz que sobresale de la tierra, quien volvía a estar con la liebre a la cual abrazaba, mientras un murciélago revoloteaba cerca de ella.

La verdad… no sé... —Dice Juan quien ya se sentía un poco mejor, aunque triste por su auto.

Mateos se adelanta a responder, quien parece está totalmente reanimado:

Si hubiéramos ganado, no hubiéramos perdido tirados en el suelo desmayados, casi muertos—. Como nadie dice nada continúa pensando en voz alta: Pero, no perdimos porque seguimos vivos con los anillos que querían sacarnos. ¿Qué fue lo que detuvo al que nos atacaba? Es la pregunta. Y... mejor nos vamos de acá...

En este momento —dice Marcos secándose los ojos—, veo un ave de fuego a lo lejos. Tal vez intervino. Aunque creo, le preocupa más los anillos que a nosotros.

¿No dijo El Anciano que estaríamos protegidos hasta no atravesar la primer puerta? —Se escucha una vez más en el mismo día esta pregunta, aunque ahora, resuena en la vos de Cristian.

Sí, dijo eso—. Dice Carla, quien ya estaba mejorando la vegetación que los rodea y añade—: Parece, no es así.

Indudablemente ocurrió algo hoy, sospecho, estamos en este momento en el peor lugar donde podríamos estar—. Dice Juan y añade—: ¿Cabremos siete en tu auto Cristian?

De esta forma parte del Grupo de Los Diecinueve Jóvenes tuvo su primer batalla.

Los siete amigos, decidieron ir a la casa de Mateos, donde descansarían. Se sienten derrotados, preocupados, y nerviosos. No obstante, así no se sentirían al día siguiente; en el cual, con más prevenciones continuarían con la aventura de descubrir su primer puerta. Pensaban, tal vez encontrarían allí respuestas…

(Fin de este capitulo)

 

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