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Uno a uno se ayudan a ponerse en pie. Marcos llora como un niño y
abrasa a cada uno. Juan enciende un poco las luces del auto de
Cristian.
Habían sido sorprendidos por un
señor del olvido y cuatro
aprendices del olvido. Estos últimos
se habían convertido en perro-lobos
animales mitad perro mitad lobo, del tamaño de una persona con
grandes dientes y pelo negro brilloso, ágiles, fuertes pero un poco
menos inteligentes que una persona, en tal estado.
¿Están todos bien?
Esto es un desastre —Dice Mónica
sollozando.
A lo cual algunos murmuraron temblorosos y
ahogados “sí”; Carla “Sí, pero mis
plantas no”; Sonia llorando añade “mis
murciélagos…”; Juan “mi auto se hizo cenizas, ¡es fatal!”.
Se sientan, y se quedan en silencio, algunos se agarran la cabeza,
otros apenas pueden estar en pie. A los minutos, habiéndose corrido
unos metros del lugar ayudándose entre sí:
—¿Ganamos? —Pregunta Sonia sentada en una
raíz que sobresale de la tierra, quien volvía a estar con la liebre
a la cual abrazaba, mientras un murciélago revoloteaba cerca de
ella.
—La verdad… no sé... —Dice Juan quien ya se
sentía un poco mejor, aunque triste por su auto.
Mateos se adelanta a responder, quien parece está totalmente
reanimado:
—Si hubiéramos ganado, no hubiéramos perdido
tirados en el suelo desmayados, casi muertos—.
Como nadie dice nada continúa pensando en voz alta—:
Pero, no perdimos porque seguimos vivos con
los anillos que querían sacarnos. ¿Qué fue lo que detuvo al que
nos atacaba? Es la pregunta. Y... mejor nos vamos de acá...
—En este momento —dice Marcos secándose los
ojos—, veo un ave de fuego a
lo lejos. Tal vez intervino. Aunque creo, le preocupa más los
anillos que a nosotros.
—¿No dijo El
Anciano que estaríamos protegidos
hasta no atravesar la primer puerta?
—Se escucha una vez más en el mismo día
esta pregunta, aunque ahora, resuena en la vos de Cristian.
—Sí, dijo eso—. Dice Carla, quien ya estaba
mejorando la vegetación que los rodea y añade—: Parece, no es
así.
—Indudablemente ocurrió algo hoy, sospecho,
estamos en este momento en el peor lugar donde podríamos estar—.
Dice Juan y añade—: ¿Cabremos siete en tu auto Cristian?
De esta forma parte del
Grupo de Los Diecinueve Jóvenes tuvo
su primer batalla.
Los siete amigos, decidieron ir a la casa de
Mateos, donde descansarían. Se sienten derrotados, preocupados, y
nerviosos. No obstante, así no se sentirían al día siguiente; en
el cual, con más prevenciones continuarían con la aventura de
descubrir su primer puerta.
Pensaban, tal vez encontrarían allí respuestas…
(Fin de este capitulo)
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