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Marcos agarra una moneda de oro
del pasillo con tesoros y la arroja a la puerta,
la moneda la atraviesa como si esta fuera de agua pero sin inmutarse
la puerta.
La moneda desaparece como si se hubiera trasportado a otro lugar o
destruido.
—¡Atemos algo a la soga y arrojémosla! —Dice
Juan.
Al hacerlo, la soga avanza pero en cuanto intentan recogerla, al
tirar para que vuelva, instantáneamente esta se corta con un corte
perfecto. Todos la miran asombrados.
—Yo no paso por ahí —Dice Sabrina.
—Yo sí, esperen a que venga—. Dice Marcos,
quién estaba más cerca de tal “puerta”.
Mónica esta apunto de agarrarle de un brazo cuando Mateos se tira
contra ella, intentando no pueda hacer esto.
—¿Querés cortarlo como pasó con la soga? —Le
pregunta alterado Mateos.
Pasó una hora y todos están impacientes, Mónica
llorando. Pasan dos horas y en silencio iban y venían del pasillo
de los tesoros, a la cámara de la
primer puerta lamentándose
y distrayéndose viendo algún tesoro que estuviera cerca del camino
intentando vencer el natural sueño. Transcurren tres horas y
tuvieron que atar a Mónica pidiéndole mil disculpas, diciéndole
era por su bien, pues había intentado dos veces abalanzarse a la
puerta.
—¡Quiero ir con él! ¡Quiero ir con él!
—Gritaba Mónica llorando.
—No mirá…
no es conveniente… no te preocupes, en cualquier momento regresa…
—Le decía Carla.
A la cuarta hora todos
murmuraban estando muchos casi durmiéndose pese a estar muy
preocupados. Y aunque no lo decían se preguntaban si Marcos estaría
vivo.
—¿Estará envuelto en una paz tan grande que no
puede reaccionar para volver? —Preguntó David, convirtiéndose en
el candidato más próximo para atravesarla, si es que alguien más
lo haría, por ser el que más resistía una inmensa paz.
—¡Marcos! —Grita Juan y arroja un jarrón de
oro a la puerta el cual desaparece.
Y comienzan a pasar horas, hasta que todos se duermen en el pasillo
de los tesoros. Pues cerca de la puerta temían alguien la
atravesara.
Pasó un día con idas y venidas más
lamentaciones. Cuando repentinamente, David avanza y atraviesa la
puerta.
—A bueno… ¡Lo
que faltaba! —Dice Juan.
—Está bien lo que hizo —Dice Mateos, añade—:
Pero nadie más pasará si no vuelve alguno. No sea que
desaparezcamos todos, o regresen y no encuentren a nadie que los
reciba.
Fin del capitulo |