|
Un ave de fuego
desciende donde están ellos (en un claro), es solo vista por Marcos
aunque todos comienzan a sentir gran calor. Marcos ve por primera vez
bien al jinete, siempre monta un ave; nota, está unido a ella
viéndosele al jinete tan solo la mitad de las piernas. Mónica se da
cuenta que nada puede hacer ella, y los rayos siguen y siguen,
impactando en el mismo lugar donde los dirige, afectándolos Nicolás.
En algunas partes se observan resplandecencias
de la cantidad de chispas. Al fin, las descargas eléctricas menguan.
—Veo un ave de
fuego que se aleja—. Dice Marcos.
—Y yo veo a la Luz mala—. Dice Ceci.
La miran a ella, miran luego donde observa:
detrás del único en pie en ese instante, a Nicolás (con todos los
pelos de su cabeza aun electrizados). Éste se da vuelta y cae del
susto al ver una bola de luz flotando lentamente acercándoseles.
Ceci se pone en pie y comienza a señalar con las
palmas de sus manos a la luz mala, una luz
mala distinta, a lo que antes había
visto Cristian, posee algunas tonalidades entre su transparencia y
luz, además claramente se mueve, la vegetación bajo ella parece
sentir su peso. Comienzan a emerger de Ceci pequeños rayos
traslucidos naranjas. Impactan con la luz
mala. Esto le da una visión más
aterradora.
—¿Qué hiciste? —Pregunta Marcos.
—Eso no es lo que antes veía, y menos ahora—.
Dice Cristian.
—La ataqué —dice Ceci—. Debía haberse
vuelto humo, agua o polvo.
Un fuerte viento comienza a levantarse,
especialmente donde la Luz mala
se encuentra. Flavia se para desafiante, algunas cosas pequeñas de
poco peso comienzan a volarse. Pero esa cosa se les acerca, más.
—¿Corremos?
—Con voz temblorosa pregunta Sabrina.
—¿Qué opinas Cristian? —Le pregunta Juan a
Cristian, quien responde con un gesto de no saber. La luz
mala está a diez metros de ellos.
Otras pequeñas se observan rodeándolos. Parecería los están
mirando. Marcos se levanta, agarra su mochila que estaba volcada en
el suelo, se acerca a la luz mala.
—¡No! —Grita Mónica.
|