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Y esto fue lo último que dijo, para saludarlos y retirarse.
Abbila ese mismo día también fue guardiana.
Estaba muy emocionada, Sueñosreales suspendió el
collar cambiante de color en el aire,
se volvió en su parte posterior como de pequeños diamantes y le dio
un pinchacito a Abbila, al rato de tenerlo en su cuello. Sueñosreales
dijo:
—Ya descubrirá sola que facultades le dará.
Estos objetos
suman o restan pequeños cambios genéticos en los guardianes,
y al poco tiempo le acrecientan habilidades. Poco podemos decir o
enseñar al respecto, aun los más expertos. Salvo… poseamos las
mismas habilidades, y recomendarles una y otra vez, hagan lo correcto
y no actúen apresuradamente.
—¿Entonces
a mi podrás enseñarme? —Le dijo Noemí, presente como el resto,
mientras le hablaba a Abbila. A lo cual Sueñosreales asintió no muy
entusiasmado. Al poco tiempo, horas, de estar ambos aparentemente en
silencio sentados uno delante de otro, Noemí les contó a sus
compañeros:
—Me enseñó muchas cosas, lo más impactante es
la irrealidad del tiempo, pues en un rato, en nuestras mentes,
estuvimos muchos días, incluso no sé si hasta un mes. Me dio
muchos consejos, de los cuales ya les contaré.
Regresaron nuevamente los de túnicas blancas, Abbila ya no estaba,
se despidió contenta antes, no sin ratificar su promesa realizada a
Marcos, pidiéndole disculpas a Mónica por su atrevimiento.
De esta forma pasaron otra noche para regresar,
pues verdaderamente se habían demorado
mucho. Le pidieron a Marcos diga las últimas palabras de la noche,
se puso de pie, frente a la fogata en el medio de la aldea y dijo:
—Espero estemos bien. Actuemos bien, y así
continuemos siempre. Por favor, cada pequeño problema hablémoslo;
así no se hace peor.
David, en aquel mundo distante, elevó una corta
oración, para que así fuera. Cristian
unos versos, y cada uno se marchó a descansar o meditar en silencio.
Al emerger la claridad de la estrella más cercana
que los alumbra allí, volverían a reunirse para marcharse
atravesando la puerta
por la cual habían llegado.
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