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Flavia, en
un principio los iba a alquilar pero prefirió adquirirlos “para
tener una cosa menos en que preocuparse”.
Los vehículos comprados (camionetas), son de color negro brilloso,
con capacidad para cinco adultos más el equipaje. Poseen aire
acondicionado, estéreo y gran resistencia para emprender viajes en
terrenos difíciles. Los probaron, los controlaron, y ahora están
listos para emprender el recorrido, parte de su
evento especial del año... sí, aun
pensaban en ellos como un grupo de jóvenes y sus planes.
Comenzaron ubicándose
así:
Juan manejaba en el primer vehículo,
al cual los demás debían seguir, estando junto con Marcos,
Mónica, Carla y Mateos.
Miguel manejaba el segundo,
acompañado de Sabrina, David, Verónica y Esperanza.
El tercero conducido por Flavia, y la acompañan Sonia, Estefanía,
Ceci y Noemí.
El cuarto manejado por Pablo, quien se turnaría con Rubén,
acompañados por Nicolás y Cristian.
Se reunieron en una
avenida, donde en principio tomarían una autopista. Luego de allí
seguirían por una ruta, para a su tiempo pasar a otra ruta, e ir
siguiendo un largo recorrido pasando de una a otra ruta de vez en
cuando antes de adentrarse en pequeños caminos de tierra. El día
está nublado, a punto de llover.
Las cuatro camionetas idénticas
llamaban la atención, más, con sus vidrios entonados. En la ciudad
los miraban curiosos al pasar en fila. Mientras tanto ellos
charlaban.
En la autopista, como si
lo hubieran planeado, se silenciaron al unísono, había una
sensación extraña en sus corazones. El sonido del viendo acaparó
su atención, junto con algunos pequeños relámpagos entre grises
nubes. Miraban a su alrededor disfrutando la primer sensación de
velocidad en el comienzo de su recorrido, pasando a algunos autos y
siendo pasados por algunos locos, de esos que piensan están
corriendo una carrera en vez de viajando.
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