|
—Loco… —Dice
Pablo mirando a David—: No sé qué me pasa, estoy con ganas de
pegarle a alguien.
—¡Y qué te hice yo! —Le responde David a
Pablo.
—Me siento mal, me duele la cabeza, me falta el
aire… —. Dice Esperanza, con cara de sentirse mal, dejando apoyar
en el suelo las bolsas que llevaba.
—¡kiiiaai…!
—Hace un sonido como saliéndole del estomago, Pablo, entreabriendo
la boca y viéndoselo muy tenso.
—¿Kiai? ¡Ayúdala! —Dice David recogiendo
las bolsas, apenas logrando levantar el peso. Se dirigió al auto
viejo de Pablo, tomando de una mano al brazo de Esperanza ayudándola.
De esta forma, apenes podía caminar, pero lo lograba paso a paso.
Pablo de forma repentina tiene una mirada de furia
en sus ojos. Esperanza se apoya también en
el brazo de Pablo, y así llegan al coche. Pablo deja casi caer todo
al piso, mientras le abre la puerta a Esperanza. Llaman la atención
de algunos que pasaban por ahí, pues parece se pelearán en
cualquier momento.
En cuanto Esperanza sube al auto,
aún de pie David y Pablo se miran muy de cerca de forma desafiante.
A Pablo su acelerado corazón comienza a calmarse y a David a
acelerársele. Están uno en frente del otro como desafiándose con
la mirada. En ese instante Esperanza se recupera un poco, pues estaba
casi desmayada:
—¡Se volvieron locos! ¿Qué les pasa? ¡Lo
último que falta es que nos peleemos entre nosotros!
Pero casi no la escuchan, da la impresión como si David y Pablo
pelearan. No con los puños, sí con sus almas, sus mentes y sus
miradas. Los observan unos que por allí caminaban. Éstos, comienzan
a desmayarse. David y Pablo suben al auto.
—¡David basta! —Le dice tirándole del brazo
Esperanza.
David, hace un gesto
como de reaccionar. Pablo, de volverle a brotar la furia en toda su
intensidad. Refunfuñando entre dientes, le dice:
—¡No es a ti David! no sé qué me pasa, siento
nos atacan. ¡Vámonos!
Comienzan a alejarse muy
preocupados en el auto, intentando escapar, sin saber de qué y
dudando de ellos mismos.
|