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EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes y la Primer Puerta
Novela mezcla de fantasía con
realidad, de la tercera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2007-2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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Las copas de los árboles,
y un poco también los troncos, se inclinan hacia donde están los
jóvenes, no sin caerse algunas ramitas secas y hojas. Un pequeño
árbol comienza a sacar fuera de la tierra sus raíces. Al mismo
tiempo, por debajo de la manta en la cual están sentados, comienzan
a levantarse unas anchas raíces, no mucho, pero lo suficiente para
estén algo cómodos sentados en ellas. A los minutos se ven en una
especie de cúpula formada por los viejos y altos árboles con sus
ramas. El pequeño árbol comenzó a acercarse, moviendo sus ramas y
raíces lentamente hacia un lado y otro. Al rato y de forma lenta,
enterraría las raíces ondulantes con las que habían avanzado. |
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—Creo, voy a apagar el fuego de la rama—. Dice
Marcos con mirada un poco asustada.
—No
te asustes tonto, pero más te vale, no quemes un árbol con vida.
Ellos tienen vida y sentimientos, aunque no sea como los nuestros,
los tienen y los expresan a su manera—. Dice Carla
—Tengo
una idea, haber si puedes prender fuego estas pequeñas piedritas—.
Dice Juan mirando a Marcos.
Juan, podía mover pequeñas cosas con sólo pensarlo sin tener que
tocarlas, y condensar chispas o pequeñas cargas eléctricas, de esta
forma lograba afectar algunas maquinas o dispositivos. Sabía
incluso, podía oponer levemente resistencia al paso de corriente. Se
imagina lo que afecta en su mente, como si recorriera en una imagen
mental las entrañas de la máquina, aparato o dispositivo; creando
una chispa, moviendo una leva, engranaje, interruptor, u afectando
otro pequeño elemento. Aunque no siempre comprendía totalmente lo
que hacia, pues ha inutilizado varios electrodomésticos en su hogar,
incluyendo la televisión, que en un momento intentó modificar la
imagen que mostraba sin poder lograrlo. Les contó a sus amigos,
supone no puede afectar aquello que ni comprende, ni que lo supere en
su fuerza.
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Se comienza a elevar unas pequeñas piedras, Marcos las envuelve en
llamas. La escena que se presenta ante ellos, es prácticamente de
sueños, aunque algunos no la podrían imaginar ni aún en estos.
Carla se la había arreglado para que un árbol la abrasara, mientras
la levantó del suelo suavemente una de sus ramas y hacia crecer
lentamente más y más vegetación, o acercaba algún árbol o
planta. Mónica, Mateos y Cristian aún no tienen ni idea de si
podían hacer algo así de extraño. Sonia había visto volar un
murciélago que ahora lo tenía colgando de su mano, dando una imagen
no muy agradable. En un momento acercándolo a su cara dice:
—Qué
lindo es… ¿no? Pensar, antes me daban miedo.
A lo cual nadie supo
contestarle. Debían tener cuidado para no dañarse entre ellos,
mejor dicho para no dañar a aquellas cosas con las cuales…
digamos… sentían afinidad.
Marcos
debía tener cuidado de no prender fuego un árbol vivo o a algún
animalito. Sólo podía prender fuego a ramas caídas y secas o
rodear en llamas piedras, como si parte pequeña de ellas se volviera
en forma de fuego, o si él las envolviera con este. Carla debía
tener cuidado de no matar algún animalito sin querer, o golpear con
alguna rama; Juan de no dañar algo con las piedras incandescentes
envueltas en llamas que movía de aquí para allá, con las cuales se
podría decir, jugaba. En una oportunidad casi golpea a un murciélago
de Sonia. Pues, tenía a cinco
revoloteando, más una liebre que la acercó, a la cual le acariciaba
el vientre. Marcos, sólo podía afectar el fuego, o volver fuego
cosas, pero no moverlas salvo que sea totalmente fuego, y no podía
controlar bien esto a distancias.
Cristian miraba a un lado y otro
deseando no traiga Sonia arañas. Carla, bajándola la rama vuelve a
estar con ellos en el suelo. Cristian comenzándose a aburrir,
continúa charlando principalmente con Mateos y Mónica. Mientras
tanto, sus otros amigos allí reunidos realizaban cosas muy extrañas
con sus facultades. Mónica le comenta a Mateos y Cristian:
—A mí me gustaría hacer… no se burlen eh…
poder proteger de alguna forma a Marcos y a
todos, pero no hago nada raro…
—¿Qué es esa cosa que brilla allí? —Dice
Cristian, señalando entre los árboles y plantas que los rodeaban.
—No veo nada que brille—.
Dice Mateos.
—Ni yo—.
Afirma Mónica.
—¡Están saliendo cinco personas! —Dice
Cristian.
—De qué hablas… — Le pregunta Mónica.
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