|
Sonia ya casi no camina, arrastrando sus pies dice:
—Tengo
mucho cansancio, y me estoy comenzando a desesperar un poco. Voy a
alejar cuanto insecto se cruce, y dormiremos. Si atacan me despiertan.
Tratá de hacer algo vos Nicolás.
—Provocaré electricidad estática a nuestro alrededor, quizás eso sirva para algo.
Pasan
minutos. Estando prácticamente envueltos por oscuridad, salvo
pequeños rayos de débil luz de luna que se iba corriendo.
Sonia expresa con voz muy cansada.
—Es
muy extraño, hay algo que no se va, tiene algo de vida animal y
otra vida que no sé qué es... ni su forma. Tengo que
descansar.
Y se acomoda en los brazos de Nicolás. Nicolás estuvo despierto durante horas, junto a Miguel que dijo:
—No
tengo nada útil que añadir a la situación. Yo
también estoy muy cansado, y en este momento disculpa, pero dudo
mucho. Si querés charlamos de nuestro pasado, o de lo que nos
gusta...
—Ya, decime que pasa por tu cabeza.
—¿Estamos seguros?
—No
sé, los alrededores poseen mucha electricidad estática que
estoy manteniendo; supongo no vendrán para acá. Espero
que no nos pique ninguno de esos bichos.
—Mirá,
al llegar a la puerta de este lugar, me esforcé mucho; y solo
logré tener un gran dolor de cabeza. Antes dije de las ropas de
cuero, pero ahora no sé. Supongo estaremos bien, pero ya no
confío en mí, y no quiero influir en las decisiones que se
tomen.
—¿Nos va fatal no?
—Creo que nuestro futuro está imprevisto.
...Y
charlaron un poco de sus deseos de no estar allí; pero que al
final hubieran hecho lo mismo si tuvieran otra oportunidad. Su
curiosidad por saber qué hay entre los laberintos, se
había vuelto como un vicio que los impulsaba hacia su centro. Se
durmieron todos.
|