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"EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes 2"
Separados en esferas lejanas
Novela mezcla de fantasía, de la primera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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He evaluado hasta el entregar el
reino, pero ello sería perder la libertad ¿Y de qué
sirve la vida, si es otro el que la domina a su antojo? ¿Y
habremos de morir los que sobramos, los que no valemos el precio de la
comida? ¿Y habremos de deshonrar a nuestros valientes muertos,
con la rendición del libre reino? ¿Todos a merced del
capricho de alguien? Obviamente que no, ¡nunca, y por ello
luchamos! Verdad, justicia, libertad, ayuda mutua...
Se
avecina una gran batalla... Si ganamos no dudo muchos desertarán
de las filas del tirano. Avanzaremos, y será un gran paso. Pero,
nos superan aproximadamente por cada uno de los guerreros nuestros, en
cien de ellos.
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Se han centrado en destruirnos, apenas
cuidándose de sublevaciones, pero no se sublevarán
temiendo al gran ejercito que nos ataca. Estoy muy bien informado.
Marcos,
el territorio lo protegen hombres valientes, fortificaciones,
catapultas, y torres. Pero hemos perdido algunas en alrededores.
Necesitamos recuperarlas y rescatar pueblos enteros del dominio del
tirano, para que decidan que hacer. Si no pelearán por nosotros,
al menos que no los obliguen a pelear en nuestra contra.
Solo
puedo ofrecerles el honor de pelear por una causa justa, el cumplir con
su misión de proteger la puerta, y el que sean bienvenidos
siempre en esta esfera como si fuera su reino. Los necesito, o nuestros
ojos serán todos cerrados.
—¿Luego
de ayudarte volveremos a nuestros hogares? —Se adelanta a preguntar
Estefanía. Añade: —La verdad, no hemos tenido muchas
posibilidades de elección.
—Estefanía
—contesta el Rey—, si bien me alegra estén aquí, yo no
los traje. Sabe que son libres en mi reino de ir a donde quieran. Como
mucho los podré acompañar quizás dentro de un
año a la esfera de los guardianes. Si no cae el reino y destruyen
la puerta. Lamento la situación que están pasando.
La
charla fue larga, porque el Rey, les hablaba como si fueran sus amigos,
y de hecho los consideraba como a tales. Marcos era el más
dispuesto a ayudarlo, sentía incluso que el Rey lo amaba como a
un hermano o gran amigo, y no quería defraudarlo; Mónica
decía lo seguiría a donde sea a Marcos; Estefanía
estaba en parte apenada de no saber bien que podría hacer; pero
se comprometió a buscar su habilidad y ayudar; Mateos dijo
colaboraría con lo que pudiera.
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El Rey al contarles de los grandes pesares de inocentes e indefensos,
hizo arder la pasión en estos cuatro aprendices de guardianes,
que consideraron injusto permanecer neutrales.
Pronto
comenzaron serias preocupaciones de Marcos y sus amigos,
desánimos internos por temores, hasta hace poco eran un simple
grupo que buscaba divertirse. Se dio cuenta, de la gran responsabilidad
que cargaba en sus espaldas.
El
Rey marcharía con todos sus hombres armados de frente, hacia el
norte, todos hábiles guerreros, los no hábiles, los menos,
se quedan en torres y muros. Sabían, en cuanto comenzara la
batalla los atacarían de atrás, del sur. No tenía
suficientes hombres armados para defender todo el perímetro del
territorio al mismo tiempo. Si hubieran estado todo el grupo de los
diecinueve jóvenes juntos, seguro resistirían,
encontrarían la forma. Pero eso no era lo que ocurría.
Deseándoles “éxitos por la razón y la fe” el Rey se marchó para afrontar la batalla,
dejándole algunos valientes y preparados hombres armados, pero
quedando muy poca guardia en el interior del territorio. Marcos
resolvió ir con Mateos hacia el territorio de los Altos muros del
sur, junto con ellos. A fortalecer la poca guardia que allí se
encontraba. Mónica y Estefanía se quedaron en el castillo,
serían la última defensa. Decidieron se centrarían
allí de caer las defensas, o si ocurriera llegaran enemigos, que
se abrieran paso por algún sector. Se quedarían a
defender a los que puedan y a la puerta. Lo cual también era su
único modo de volver.
Los
jóvenes tenían miedo, los guerreros aguardaban su destino
en silencio, orando al Creador de todo, o susurrando cantos.
Marcos
y Mateos se habían propuesto hacer lo siguiente: asustar a sus
enemigos. Si llegaban a atacar, vencería el tirano, y
sería una masacre terrible de vidas, hasta que al fin cayera el
reino.
El
Rey sabía que si dividía sus fuerzas no podría
defender ningún frente. Pero si ganaba en uno, podría
recuperar los otros, o incluso lograr que deserten enemigos, de
permanecer su reino unido.
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