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Mientras tanto el Rey con sus bravos hombres ya estaban en el medio del
combate. El Rey al llegar con sus valientes, ni bien vio a los
escuadrones que se les acercaban a lento paso, sin discurso previo
aumentó el paso para ir en contra de ellos. Hacía con su
sola presencia, atemorizar a todos los que venían a atacarlos,
obligados.
Las
flechas que les lanzaron las temerosas tropas, rebotaban en los
escudos. Pero lamentablemente dos valientes cerraron sus ojos por
éstas, hasta el choque de las espadas: Lintran de Costalain, y
Franchilia de Fortinsepte.
A
uno tras otro vencían sin piedad los valientes del Rey. No daban
un paso hacia atrás. Pero hombres iban cerrando sus ojos para
nunca más abrirlos en el campo de batalla.
Llovían flechas, y algunas daban en puntos débiles de las
armaduras, mientras los dos reinos chocaban sus metales. La terrible
música de la batalla resuena confusa en los enemigos quienes
morían de a cientos en un respirar.
El
Rey dispone de tres filas de guerreros expertos en la batalla, bien
equipados se abren paso, peleando codo a codo. Dos filas más con
arqueros que poseen además escudos, y espadas hasta ese momento
envainadas.
Se
escuchaban rítmicos sonidos del incansable Rey, y sus soldados
les responden. Son como una ola irrefrenable, peleando por no morir.
¿Cuánto durarán las fuerzas? Si levantan la mirada,
observaban indecisión entre las filas de los Súbditos del
invencible, pero son muchos. No obstante no hay miedo, el
Rey presente con su espada que parte a las de sus
adversarios, infunde gran coraje.
Caen realmente muchos Súbditos del invencible.
Mientras
tanto. Estefanía por algún motivo extraño, o
quizás es verdad que el olor a la gloria, vuelve valientes a
los cobardes. Ante la mirada confundida de Mónica, quien
está al lado del rey que los había recibido y un
general en guerra, encargados de defender la fortificación en la
que están, ordenando a todo brazo que pudiera utilizar arco,
piedra, o espada... Estefanía Dice:
—Debemos ir a ayudar al Rey.
—Si él cae, no servimos de nada allí, y está lejos —le replica Mónica.
—Debemos respetar las ordenes del Rey y del Consejero —. dice el General en guerra.
—Dame un guía que nos lleve con el Rey. O me marcho lo quieran o no.
Y parece que se estremecen las rocas que forman al castillo.
—Yo me quedo —. Dice Mónica.
—Cobarde—.
Le responde Estefanía. Marcha rápidamente, furiosa, sin
que nadie la detenga, ni escuchando a Mónica quien le grita que
se quede.
En la puerta del castillo le dice a un hombre armado, que por orden del
Ayudante del Rey, debe ir a ayudar al Rey, que el más
rápido la acompañe a la batalla. Sabía que
tardaría dos días en llegar.
Mientras
tanto, otros del grupo de los diecinueve jóvenes están
por otros mundos, justo cuando hubiera sido excelente que partieran a
socorrer a Marcos o al Rey, pero no estaban allí sus amigos.
Muchas veces algunos no están cuando se los necesita, tal vez por
tener que afrontar otras batallas, o no poder acudir por distintos
sucesos. Pero a los problemas mientras se los enfrenta, aún hay
esperanza de victoria, si no se da uno por derrotado.
Fin del capitulo
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