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"EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes 2"
Separados en esferas lejanas
Novela mezcla de fantasía, de la primera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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Observa una lista de nombres, y ve siendo Sueñosreales dirigiéndose a la puerta, arrojando la lista en tal.
Nuevamente
se encontró en la nada. Pudo sumar otras dos preguntas a las
tres que ya poseía: ¿por qué veo esto? Obviamente
careciendo de la facultad de imaginar y razonar en tal momento, no pudo
forjarse respuesta.
Sin
saber muy bien cuándo ocurrió, llega a un mundo. De
repente atravesando la puerta, y sale ante un pueblo con gente. Se
incorpora muy lentamente y confundida. Observa a grandes rasgos, y llega
a la conclusión que está en el estado que llamamos vida.
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El
pueblo que tenía delante de ella está formado por
pequeñas casas, de forma rectangular, de algo semejante a adobe,
pintadas de blanco crema, separadas por caminos de tierra. Cada casa
posee terraza, un gran árbol en el medio de su fondo, y gran
cantidad de plantación. Poseen una huerta, y un sector con
algunos animales. Todas las casas son semejantes. La mayoría de
la gente se la observaba trabajando en su huerta-jardín. Muy
pocos haciendo algo en las sendas de tierra.
La
puerta está en un grueso rectángulo, que podría
decirse la decora. Una pequeña pared de medio metro la envuelve,
ésta es irregular, pero la rodea.
Le molesta algo entre su cuello y la ropa. Es un papel doblado, lo mira. Dice:
Si quiere volver, tiene que volver locas a estas personas:
(Lista de veinte nombres y al final de la lista dice:)
Esto
es algo bueno, ya que si no lo hace pasarán quién sabe si
millones de años sin ningún tipo de progreso, y
morirán todos al final de hambre, por no saber afrontar su
número. Al llevar a termino estas instrucciones, verá tal
aldea modificadas sus vidas, y comenzarán a hacer cambios, lo
cual suponemos los harán progresar. Y luego esa aldea será
mejor que otras, y comenzarán a competir y a desarrollarse. Por
otra parte si no hace esto no regresará, y si intenta volver se
perderá en la nada.
Noemí
se sentó a pensar. Le extrañaba en gran manera que haya
visto a El Anciano entregándole tal lista a Sueñosreales.
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Dedujo
que si eso lo vio fue porque Sueñosreales quiso. Se
preguntó: ¿Le estaba advirtiendo que debía hacerlo?
Supuso que sí; que de no llevar a término tal acto
pedido, se desharían de ella. Pero no podía concebir de
que Sueñosreales fuera malo. El Anciano le resultaba misterioso,
pero Sueñosreales sincero, gentil, amistoso, justo, en resumen:
bueno. Supuso quizás no le quedaba alternativa, y debía
llevar a cabo tales actos, y por ello Sueñosreales le
había mostrado tal escena. Pero tales peticiones están en
contra de sus principios, ya que lo malo es malo pese a cualquier punto
de vista humano.
Siente
un hambre y sed tan grande que no la dejan pensar bien. Comienza a
caminar entre tal poblado. La gente habla extraño lenguaje, y no
le prestan ninguna atención, más allá de algunas
miradas que le dirigen, para ellos es rara. Comienza a buscar alimentos,
llora, comienza a meterse en las casas. En las primeras la gente la
saca más o menos de forma gentil. Luego cansada, temiendo
desmayar, entró en una casa y obligó -influenciando la
mente de una mujer que allí estaba-, a que le sirviera comida, y
se sació. Al marcharse le dijo:
—Perdón.
Comenzó a prestar especial atención a qué hace la gente en tal poblado.
La
mayoría trabaja, algunos charlan o caminan, muy pocos llevando
algo. Observa una vida muy tranquila a su alrededor y “carente de
colores” (todo está color natural, sin flores, sin ornamentos, ni
estatuas, etc.), arte, decoraciones, apuros, movimientos esforzados,
nada de todas estas cosas. Solo en una casa notó gran
efusión, y lo que supuso risas. Dedujo estarían festejando
algo o divirtiéndose.
Cuando
iba a oscurecer, sintiendo pena, se subió a un techo. Las
escaleras de las viviendas no tienen puertas. Volvió a llorar una
vez más hasta dormirse.
Al día siguiente recorrió el pueblo, era todo bastante
igual. Pequeñas casas, con pequeños terrenos sembrados. Si
pronunciaba un nombre de los de la lista, se dio cuenta, la gente le
prestaba un poco de atención como queriéndola ayudar. Por
curiosidad comenzó a realizar esto. Hasta que alguien repitiendo
el nombre entre palabras inentendibles para ella, le
señaló hacia una dirección. Preguntando a varios
llegó hasta una casa, y una mujer llamó con tal nombre a
un hombre. Noemí dudó de ella misma al llegar tan lejos,
al encontrar al dueño de uno de los nombres de la lista.
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