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—A lo lejos nada veo
distinto, a donde miro
¿Cuál será nuestro destino?
Si solo hay desierto,
a donde observo...
—Eso
no es tan malo —le responde Carla—. Al menos no hay monstruos o salimos
en medio de una guerra. Lástima que no hay plantas ¿no?
¿Mirá si salíamos en la cumbre de una
montaña rodeados de hielo?...
Cristian,
quien pese a que podía extender su mirada mucho. No logra ver en
ese momento que cerca, a sus espaldas, en la entrada de tal
edificación; hay alguien aguardándolos.
Están
en una estructura construida de imitaciones de rocas, que en donde se a
dañado mucho, se llega a notar que en realidad no es roca, sino
un material que la imita. De afuera se parece a una pirámide muy
gastada, aunque su base no es cuadrada sino heptagonal.
Mediante
un pasillo en diagonal se sube desde el centro en donde se encuentra en
un ajustado espacio la puerta. Al lado de ésta, en las paredes
de tal lugar, hay ilustraciones que les recuerdan a las que vieron por
primera vez en la puerta de la Tierra. Todas advirtiendo no acercarse o
atravesarla.
Hay
unas formas peculiares de canaletas en toda la construcción, lo
cual a simple vista muestra como diseños que se deberían
formar cuando llueve, o se le hiciera circular de algún modo
líquido. Incluso posee orificios de distintos diámetros en
algunos lugares, lo cual da la impresión de ser fuentes
¿de agua? Tal lugar debería haber sido muy bello.
Lo recorren, al llegar en una parte del único pasillo por el cual pueden transitar, hay dos opciones: subir o bajar.
Luego de haber tomado la decisión de subir, y llegar a su parte
superior con un mirador muy destruido, luego de contemplar el amplio
horizonte de desierto, y la carencia de nubes en el cielo; en silencio
sintiendo la brisa, ambos se miran.
— Recién veo —dice Cristian—, al final del otro camino hay alguien, afuera, de apariencia humana acampando.
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