|
Estaba
atravesando el momento en el cual, leía como todos los
días a la noche, en su casa, un buen libro antes de acostarse. No
logra recordar a lujo de detalle todo el texto. Pero sí que
estaba leyendo en tal momento unos poemas, y se detuvo a pensar en estos versos:
“Hasta un guijarro
puede cambiar
tu destino,
si lo edificas
sobre el barro.”
Pero
imprevisiblemente para ella, se ve de nuevo en el principio que fue el
final. Se siente nerviosa por este acontecimiento, que la ha sacado de
explorar sus recuerdos.
Los
sucesos transcurren nuevamente, pero desde otra perspectiva. La
perspectiva de Sueñosreales mirando. No obstante no sabe lo que
piensa o siente Sueñosreales, solo lo que ve y escucha y de forma
resumida (como en la vida consciente). Se ve atravesando la puerta, y a
sus amigos que también lo hacen.
Ve venir El Anciano, y siendo Sueñosreales le Dice:
—¿Estoy seguro de hacer eso con Noemí?
—Es lo conveniente, si no aprende a matar ¿Para qué la queremos?
—Pero
no quiero hacerles daño a ninguno. ¿Enviarla a la esfera
de los tranquilos? ¿Seguimos seguros? A esos que se les puede
venir el fin del mundo, y se sientan a esperarlo, o continúan sin
estar para nada afectados. A esos que solo les preocupa quedarse sin
juegos o esa bebida que tienen que los alegra... ¿Se merecen
morir algunos de ellos por una esperanza de cambio?
—Nada
han avanzado en los cien miles de años —dice El Anciano—, en que
los hemos conocido, salvo en las reglas de ese juego que llaman
“pasajera alegría”. Es necesario que se desarrollen... Sí,
Como hemos charlado, tienen que salir de su rutina. O en un momento
morirán todos de hambre.
—Es
que eso es solo una suposición. En fin no volveremos a charlar
largo tiempo de lo mismo ¿Tiene los nombres, de aquellos a
quienes debe enloquecer, y de aquellos a los que debe...?
(Noemí
siente ella una conmoción de emociones, que creo lo más
aproximado es definirlo como mezcla de espanto y asco.)
|