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Poseen entonces las siguientes opciones:
1. Volver atrás.
2. Subir al piso superior, también techado.
3. Avanzar por el piso al mismo nivel, aunque ahora techado.
4. Descender por una rampa que va hacia abajo.
5. Continuar por un camino que se ve largo y va hacia el costado.
—Me
pregunto —dice Sonia—, si en este momento podrían verse afectadas
nuestras vidas, por el camino que sigamos. Esas columnas parecen que
advierten: Entre la vida y la muerte. Y el camino largo, el evadir el
reto.
—Opino
—dice Nicolás—, que debemos aprovechar e investigar el
más peligroso. Tal vez encontremos algo útil ¿Y
vos, Miguel, qué opinas?
(Miguel no responde.)
—¿No le respondes ni a la chica más linda del mundo?¿Mira que humo no eres he?
—¿Todo bien Miguel? ...
Y
Miguel no responde palabra alguna, se envuelve en silencio. Sonia lo
amenazó con dejarlo, pese a que nunca se dieron ni un beso de
novios. Pero Miguel parece envuelto en las sombras de sus pensamientos.
Están en la indecisión, transcurriendo, un
rato Nicolás insiste:
—Yo
diría que vayamos por el camino de abajo, si es que vemos
está iluminado lo suficiente para ver. ¿De animales no
debemos temer no Sonia?
—Así
es —dice Sonia—, los alejaré a todos. Sí, hagamos eso, y
si no volvemos. No sea que nos perdamos y quedemos durante años
dando vueltas en los laberintos. ¿Seguís sin emitir
opinión, lindo? ¿Al menos nos sigues?
Miguel hace un gesto de afirmación.
—Me recuerdas a Cristian ¿Vos no estás viendo ninguna luz mala no?
Miguel sonríe, dice:
—Si eso es lo que decidieron vamos; yo no quiero influir en esta decisión.
—¿Por qué?— Le pregunta Nicolás.
—Si lo dijera, ya estaría influenciando.
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