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Libros de Javier Cinacchi
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"EL Grupo de los
Diecinueve Jóvenes 2"
Separados en esferas lejanas
Novela mezcla de fantasía, de la primera edición
(Continuación.)
Autor: Javier R. Cinacchi
Copyright © Javier R. Cinacchi, 2011
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin
autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las
leyes, la reproducción parcial o total mediante cualquier medio de esta
obra. Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.
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Aguardaron ambos un día, les convidaron agua, y a uno le dieron
la vacía mochila que tenía Cristian, ya que les
cambió suministros por esta.
Al poco tiempo prefirieron el riesgo de perderse en el universo, al de vivir en tal mundo. Ya no soportaban más estar allí, pese a que estaban juntos.
Quizás
si fuera algo bello, lo que los rodeara aunque monótono,
hubieran decidido de última esperar si fuera necesario
años, quedarse, adaptarse en alguna aldea. O incluso si pudieran
realizar alguna mejoría... Pero adaptarse piensan es en tal caso
dejar de ser humanos, olvidarse de la felicidad, volverse
autómatas. Lo más interesante les pareció ser
“guías”, que en realidad descubrieron son comerciantes.
Además les aterró, la idea de que pudiera llegase hasta
por causa de la gran monotonía, a ahogarse el gran amor que se
sienten.
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En las aldeas, siempre había alguien mirándolos, siempre
comían lo mismo, los aldeanos siempre hacían exactamente
el mismo trabajo (el que cada uno hacía), y prácticamente
casi no hablan. El terreno es desierto con oasis donde están las
pequeñas aldeas. “No hay nada que hacer”, en medio de aquellos a
quienes “nada les interesa hacer”, ya que desde su nacimiento viven
siempre lo mismo, se cansaron de repetirse Carla y Cristian. No
había prácticamente nada con que construir algo que
perdure, ni roca, ni madera, y si hacían un pozo, el viento lo
iba tapando. Ni el cambio de un pozo perduraba.
En
una aldea, en una oportunidad, probaron hacer cosas raras. Los aldeanos
no hicieron más que mirarlos durante unos minutos, para luego
ignorarlos.
Llegaron
a sospechar, que ni siquiera sabían charlar la gente de
allí entre ellos; más allá de un cúmulo de
palabras, que expresan las pocas cosas distintas que poseen y hacen.
Además
al atravesar la puerta para volverse, ya casi no les quedaba nada con
que comerciar, ni siquiera las pocas cosas que pasaban sin perderlas.
(Fin del capitulo 4)
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