|
Ante estas
preguntas seguidas de Marcos, Mónica y Carla ríen.
Carla a quien ya se le había ido la vergüenza del primer rechazo,
comienza a estar contenta nuevamente. Responde muy convencida.
—Sí...
sentémonos ahí, y te contamos —señalando el lugar donde hace
unos instantes se encontraban observando la pareja de tango, que
continua bailando espléndidamente.
Marcos, por las dudas
observa bien a su alrededor. No hay nada extraño. Entonces se dirige
a sentarse con las que serian, piensa, tal vez sus nuevas amigas.
Mientras caminan, Mónica
le pregunta con un tono burlón a Marcos dirigiéndole una mirada
pícara.
—¿Me viste cara de ladroncita? —sonríe y
continúa—. Nosotras tendríamos que tener miedo.
Se sientan, y al hacerlo añade:
—Pero suponemos que eres bueno. No sé… tenés
cara de bueno… nos arriesgamos un poquito. ¿Qué estabas haciendo?
—La verdad, me quedé recorriendo librerías. De
vez en cuando leo. No encontré el libro que quería ¡Y fui a todas!
Una novela de fantasía...
—Recién comienza a formarse el grupo
—interrumpe Carla para explicar—. La idea es… hoy tendríamos
que encontrar a alguno más, acordar una forma de contactarnos y
volvernos a ver. Así decidimos que hacer, que sea distinto a lo que
generalmente hacemos. Pero nada de cosas como sexo, ir a romper algo,
tirarnos al río o… no sé… nada de hacer algo incorrecto; ni
tampoco de esas cosas que se hacen siempre, como ir al cine, o a
bailar, o tan sólo charlar mientras se escucha música.
—Aunque primero —interrumpiendo, dice Mónica
seriamente—, antes de hacer algo un tanto distinto, tenemos que
conocernos un poco, para… fuera de chiste… tenernos confianza, y
saber no hay ningún mal intencionado.
|