|
—¿Alguien los vio?
—¿¡Ehh!? ¿A quiénes? —dice Marcos,
tomándole suavemente la Mano a Mónica. Sólo alcancé a ver pasto
que se movía.
Juan, mira hacia la
vegetación, con la mano dentro de su bolso.
—Yo alcancé a ver a uno de esos—. Dice
Estefanía con voz de asustada.
—¿Esos? —pregunta Mateos.
—¿Les viste los ojos? ¿Sentiste algo? —con
voz de miedo pregunta Ceci a Estefanía, mientras los demás no
comprenden que ocurre.
—¿Les parece si vamos a un lugar donde hay más
gente?— Dice Juan, casi con tono de orden, y nadie parece
escucharlo; solo Marcos le hace una seña como diciéndole “espera”.
—Sus ojos, la parte blanca, no era blanca, era
amarillo azulada —habla extraño Estefanía, mirando de donde
habían venido—. Sus labios eran rosa pálido, casi blanco y su
nariz fina. El iris…
—Blanco —dice Ceci interrumpiendo a Estefanía.
—Y su pupila fue un instante grande y brillaba un poco, luego se
volvió bien oscura, casi negra como la pupila de alguien normal. Una
era una chica. Supongo, por su pecho. Su pelo era como el sol. Sentía
me arrastraban a seguirlos, me atraían como imán. El más alto, la
chica, tendría casi un metro y medio...
|