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En ese instante es iluminado por el piso, mediante una fila de
baldosas con luz, que se prolongan por debajo de una antigua mesa
redonda. Se quedan con pequeña luminosidad amarilla, envuelta por
manto de humo gris. Éste, desciende de un escenario, de sendas
puntas, donde en el centro se encuentra el violinista concentrado en
su interpretación.
Se lo observa como si estuviera parado en una nube gris, vista por
una gran ventana rodeada de cortinas antiguas, de un tono blanco
azulado. Lo ilumina luz celeste. Las baldosas en ese instante
luminosas del suelo, avanzan hasta el escenario, marcando un
inconfundible camino.
Los jóvenes al contemplar esta ambientación, murmuran. La sorpresa
acaricia sus sentidos. La mayoría nunca había visto algo así.
Al centrar la atención en el
violinista, se lo observa vestido de cuero negro, éste reflejando
tenues brillos; siendo más pronunciado aun, en los metales formando
dibujos que resplandecen, sobre el negro cuero de su campera. Viste
como Heavy Metal, aunque no posee una guitarra eléctrica, sino un
reluciente violín ¿las apariencias engañan? Se mueve suavemente
mientras interpreta, absorto la melodía, que de él nace en ese
instante.
La antigua mesa redonda,
se ilumina por un candelero de vidrio blanco; comienza entonces a
añadir claridad, sumando su pequeña luz al ambiente. Flavia se
adelanta y se ubica ante la línea formada por las baldosas
iluminadas. Un poco ansiosa dice:
—¡Vengan,
no se queden ahí!
La siguen curiosos y atentos.
Se escucha un sonido repentino proveniente de maquinas de humo, y al
instante casi no se ven los pies, avanzando unos pasos, algunos flash
comienzan a encenderse y apagarse, no muchos, pocos. En las paredes
hay pintadas estrellas. La bandera que tan bien está realizada se
observa sobre el escenario, rodeada de fino tubo fluorescente de leve
luz color violeta. Los ojos de los personajes petisos dan escalofrío.
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