|
Al final, Ceci llama a
la enamorada de Mónica, quien fue hasta la casa de Marcos, después
de comer, a la tardecita.
—Aún falta uno—. Le dice Mónica a Marcos.
—Ya sé… En realidad… ¡Ya somos muchos!
Seamos Diecinueve y listo…
—¿Y la bandera? ¿Y si ya los demás prepararon
todo como para veinte personas? ¿Dejaremos un lugar vacío?
—Bueno… Lo vamos a arreglar rápido…
seguime —improvisa Marcos, de forma un
poco impulsiva.
Salen a la calle, llegan
a una avenida transitada y comienzan a comentarle, a algunos jóvenes
que se les cruzan.
Una y otra vez repite: “Hola, somos un grupo…”; “buscamos
divertirnos sanamente…”. Pero nadie, les presta atención.
—No gracias—. Fue la respuesta más repetida.
—Seguro, si Carla le hace esta pregunta a alguno
de los chicos a los que le preguntamos, acepta—. Dice Mónica
hablando con Marcos, mientras caminan y mirándolo de reojo.
—Durante días lo intentó, y sólo querían
salir con ella. Comenta Marcos.
—¡Ahh… que bien enterado estás! —Dice con
una sonrisa irónica y añade—: ¿Cómo puede ser, nadie más
quiere estar con nosotros? Nosotros nos encontramos re rápido. ¿No
es raro?
—Un poco. Puede ser.
Hacía mucho calor, Mónica y Marcos caminaban en cualquier
dirección, por donde haya bastante gente, buscando a alguien acorde
para completar su grupo de amigos. Estaban ya sintiendo incomodo tal
calor, y un poco mal humorados.
—¿Y si vamos a hablar con Carla para
replantearnos? —Dice Mónica.
—Esto
ya me está aburriendo… aparte… en unas horas es momento de ir al
salón—. Afirma Marcos.
|