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—A ver… —Dijo
Juan y tomando la tapa del pequeñito baúl continúa—: Uno… Dos…
y… ¡Tres!
Pablo quien realizó fuerza en
sentido contrario, previsiblemente se cae, pero la risa que ocasiona
esto, es silenciada instantáneamente por el asombro. Observan
anillos caer provocando sonido de metal al golpear contra el suelo.
Algunos ruedan por el salón.
Los recogen y colocan
junto con el pequeño baúl, en una silla, en medio de los veinte.
Marcos los cuenta, son diecisiete anillos muy parecidos a los de él
y Carla. Por dentro tienen como diamantes, tal como lo había
descrito Carla; aunque cada uno, con un diseño distinto que expresa
algo.
Esto daba en total diecinueve anillos. Hablaron bastante de ello.
Expresaron todo tipo de teorías, llegando a estar seguros tan solo
de no saber su procedencia, y no eran enviados por alguno de ellos.
Mónica que desde cuando observó a Carla con un anillo idéntico al
de su novio, quiso tener a uno, expresa lo que ya habían pensado
todos en aquel momento.
—El problema es que falta uno, estaría bueno,
todos tuviéramos un anillo ¿Qué hacemos? ¿Quién se quedará sin
uno?
Lo cual les llevó a hablar de ello durante otro largo rato. Al
final, por votación decidieron sortear al que no tendría su anillo,
de entre los últimos diez integrantes del grupo. Los que por ahora
menos habían aportado al mismo. Luego, el anillo de cada uno, sería
elegido por el que sería su dueño, del montón, con los ojos
cerrados, hasta el último de los diecinueve jóvenes que solo
tendría una opción a elegir.
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