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—¡Qué bueno, ya somos ocho! —Dice Carla y
añade— ¡Menos mal que traje dos termos para el mate!
Se saludan y comienzan a
caminar para llegar al río, no sin antes bajar Juan una mochila con
otro mate, termo y galletitas.
—¡Che, que nave!
—comenta Marcos al ver el auto de Juan, el cual, se observaba
impecable. Mónica de repente parece estar un poco triste y callada,
mira mucho al suelo. Cambió de ánimo repentina.
—¿Estás bien? —le pregunta despacio Carla.
— Sí… —le susurra, aunque con mirada
triste.
Se los observa muy
contentos caminando (salvo a Mónica), por el camino principal de la
costanera, rumbo a la orilla del río, un camino de tierra reseca y
polvorienta. Mientras tanto, conversan de todo, y se pasan el mate
uno a otro. Marcos, queda entre medio de Juan y Mónica quien está
muy silenciosa.
Sonia, Estefanía y
Ceci, las tres chicas nuevas los acompañan. Las encontraron Carla y
Mónica quienes habían ido dos horas antes. Se interesaron por la
idea, sumándose así al grupo.
Todos están contentos.
Caminan, hacen chistes, miran a su alrededor, bromean, toman mate,
comen galletitas...
Estaban caminando tranquilamente, cuando de repente, luego de haber
transcurrido unos quince minutos, Ceci se detiene bruscamente. Queda
totalmente inmóvil, observa un angosto camino, bifurcado del
principal. Uno de los tantos que se internan en la vegetación.
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