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Así
seis músicos con sus instrumentos de cuerdas comenzaron a
interpretar de esas canciones que casi todos conocen. El violinista a
veces se movía como si interpretara Heavy, y los guitarristas le
miraban con una sonrisa. ¿No estaba eso preparado?
—¡Alucinante! —Dijo en voz bien alta Juan.
—¡Copadísimo! —Dijo en voz bien alta Carla.
—¡Bravo! ¡Otra, otra! —Gritaron varios.
Volvió el baterista… volvió el bajista… y se fueron integrando
a los guitarristas todo el grupo anterior, incluso el cantante, el
cual acompaña algunas canciones con su voz. Se los escucha de
maravilla.
—Esto no estaba preparado así… —comenta
Flavia a Mónica.
No se sabe quienes disfrutan más, si los músicos que terminaron
todos juntos, o los que se reúnen para festejar un comienzo.
Todos están felices, al menos lo expresaban con sus cuerpos,
miradas, silencios y alguna que otra lágrima de emoción.
Interpretan una canción tras otra. Hasta resulta extraño lo tan
bien que lo hacen y combinan. Tal vez están inspirados en la belleza
misma, habiendo podido captar parte de ella en su arte.
Comienza la última
canción juntos, esto es notorio porque se estrechan las manos y se
saludan con gestos. Impresionante, indudablemente hablan un mismo
idioma entre los estilos.
Se alejaron los rockeros, quedaron los folclóricos ¡aún no había
terminado la fiesta! Se miraron, miraron un instante a su público de
veinte personas…
—¡Un; Dos; Tres! —Gritó el del medio dando
golpecitos con el pie al escenario.
—¿Cómo
pueden mover tan rápido los dedos sin equivocarse? —Se le escucha
decir a Marcos al instante.
Comienzan así a
interpretar canciones clásicas desde interpretaciones de los
guitarristas argentinos e internacionales más conocidos, incluyendo
tangos de Piazzola y música clásica interpretada en las cinco
guitarras, como ser Asturias de Albeniz, pieza que fue acompañada
por todo un juego de luces. Indudablemente estos músicos podían
interpretar cualquier música, no sólo folclore.
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