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El baño de Diana, por François Clouet. 78X110 Óleo sobre tabla, 1558

Escribe Javier R. Cinacchi en
http://www.estudiargratis.com.ar/estudiar-con-lecturas/cultura-arte-diana-clouet.html
Revisión: 14/08/2014

En esta lectura cultural del día se va a analizar una obra de arte: El baño de Diana, por François Clouet, y temas relacionados.


La realizó Clouet cuando estaba al servicio del rey de Francia Enrique II; él especializado en el retrato de personas, le da mucho realismo a la obra que es un episodio de la mitología clásica: El baño de Diana. La diosa es la que se encuentra en el centro, y es sorprendido por Acteón, que transformado en ciervo termina siendo devorado por los mismos perros de este, esto se observa a la distancia... del lado derecho. Generalmente estas obras se las usaba como excusas para representar escenas eróticas, pero en este caso hay posiblemente otro simbolismo oculto: Los amores de Enrique II con Diana de Poitiers (la diosa cazadora) que se encuentra en el centro de la obra. Habiendo descubierto su desnudez, escapa de sus conocidos y familiares para evitar la tragedia. El artista mediante esta pintura, logra, en una imágenes expresar toda una historia, y posiblemente con distintas interpretaciones.
Explicación del cuadro el baño de Diana de Clouet

En la parte inferior izquierda se encuentra representado a la pasión (mediante el dios griego Baco), mirando provocativamente al espectador, expresa el autor de la obra así que es una representación pasional. Ovidio relataba este episodio de mitología griega, en el cual fue inspirada esta pintura y muchas otras también en el mismo relato.

Diana y Acteón por Ovidio.

Explicación del cuadro desnudo de Diana más poemas de OvidioLa primera tu nieto, entre tantas cosas para ti, Cadmo, propicias, / causa fue de luto, y unos ajenos cuernos a su frente / añadidos; y vosotras, canes saciadas de una sangre dueña vuestra. / Mas, bien si buscas, de la fortuna un crimen en ello, / no una abominación hallarás, pues, ¿qué abominación un error tenía? / El monte estaba infecto de la matanza de variadas fieras, / y, ya el día mediado, de las cosas había contraído las sombras, / y el sol por igual de sus metas distaba ambas, / cuando el joven, por desviadas guaridas a los que vagaban, / a los partícipes de sus trabajos, con plácida boca llama, el hiantio: / «Los linos chorrean, compañeros, y el hierro, de crúor de fieras, / y fortuna el día tuvo bastante. La siguiente Aurora / cuando, transportada por sus zafranadas ruedas, la luz reitere, / el propuesto trabajo retomaremos; ahora Febo de ambas / tierras lo mismo dista, y hiende con sus vapores los campos. / Detened el trabajo presente y nudosos levantad los linos». / Las órdenes los hombres hacen e interrumpen su labor. / Un valle había, de píceas y agudo ciprés denso, / por nombre Gargafie, a la ceñida Diana consagrado, / del cual en su extremo receso hay una caverna boscosa, / por arte ninguna labrada: había imitado al arte / con el ingenio la naturaleza suyo, pues, con pómez viva / y leves tobas, un nativo arco había trazado. / Un manantial suena a diestra, por su tenue onda perlada, / y por una margen de grama estaba él en sus anchurosas aberturas ceñido. / Aquí la diosa de las espesuras, de la caza cansada, solía / sus virginales miembros regar con líquido rocío. / El cual después que alcanzó, de sus ninfas entregó a una, / la armera, su jabalina y su aljaba y sus arcos destensados. / Otra ofreció al depuesto manto sus brazos. / Las ligaduras de sus dos pies quitan; pues más docta que ellas / la isménide Crócale, esparcidos por el cuello sus cabellos, / los traba en un nudo, aunque ella los había soltado. / Recogen licor Néfele y Híale y Ránide, / y Psécade, y Fíale, y lo vierten en sus capaces urnas. / Y mientras allí se lava la Titania en su acostumbrada linfa, / he aquí que el nieto de Cadmo, diferida parte de sus labores, / por un bosque desconocido con no certeros pasos errante, / llega a esa floresta: así a él sus hados lo llevaban. / El cual, una vez entró, rorantes de sus manantiales, en esas cavernas, / como ellas estaban, desnudas sus pechos las ninfas se golpearon / al verle un hombre, y con súbitos aullidos todo / llenaron el bosque, y a su alrededor derramadas a Diana / con los cuerpos cubrieron suyos; aun así, más alta que ellas / la propia diosa es, y hasta el cuello sobresale a todas. / El color que, teñidas del contrario sol por el golpe, / el de las nubes ser suele, o de la purpúrea aurora, / tal fue en el rostro, vista sin vestido, de Diana. / La cual, aunque de las compañeras por la multitud rodeada suyas, / a un lado oblicuo aun así se estuvo y su cara atrás / dobló y, aunque quisiera prontas haber tenido sus saetas, / las que tuvo, así cogió aguas y el rostro viril / regó con ellas, y asperjando sus cabellos con vengadoras ondas, / añadió estas, del desastre futuro prenunciadoras, palabras: / «Ahora para ti, que me has visto dejado mi atuendo, que narres / -si pudieras narrar- lícito es». Y sin más amenazar, / da a su asperjada cabeza del vivaz ciervo los cuernos, / da espacio a su cuello y lo alto aguza de sus orejas, / y con pies sus manos, con largas patas muta / sus brazos, y vela de maculado vellón su cuerpo; / añadido también el pavor le fue. Huye de Autónoe el héroe, / y de sí, tan raudo, en la carrera se sorprende misma. / Pero cuando sus rasgos y sus cuernos vio en la onda: / «Triste de mí», a decir iba: voz ninguna le siguió. / Gimió hondo: su voz aquélla fue, y lágrimas por una cara / no suya fluyeron; su mente solamente prístina permaneció. / ¿Qué haría? ¿Volvería, pues, a su casa y a sus reales techos, / o se escondería en los bosques? El temor esto, el pudor le impide aquello. / Mientras duda, lo vieron los canes, y el primero Melampo / e Icnóbates el sagaz con su ladrido señales dieron: / gnosio Icnóbates, de la espartana gente Melampo. / Después se lanzan los otros, más rápido que la arrebatadora brisa , / Pánfago y Dorceo y Oríbaso, árcades todos, / y Nebrófono el vigoroso y el atroz, con Lélape, Terón, / y por sus pies Ptérelas, y por sus narices útil Agre, / e Hileo el feroz, recién golpeado por un jabalí, / y de un lobo concebida Nape, y de ganados perseguidora / Pémenis, y de sus dos nacidos escoltada Harpía, / y atados llevando sus ijares el sicionio Ladón, / y Dromas y Cánaque y Esticte y Tigre y Alce, / y de níveos Leucón, y de vellos Ásbolo negros, / y el muy vigoroso Lacón, y en la carrera fuerte Aelo, / y Too y veloz, con su chipriota hermano, Licisca, / y en su negra frente distinguido en su mitad con un blanco, / Hárpalo, y Melaneo, e hirsuta de cuerpo Lacne, / y de padre dicteo pero de madre lacónide nacidos / Labro y Agriodunte, y de aguda voz Hiláctor, / y cuantos referir largo es: esa multitud, con deseo de presa, / por acantilados y peñas y de acceso carentes rocas, / y por donde quiera que es difícil, o por donde no hay ruta alguna, le persiguen. / Él huye por los lugares que él había muchas veces perseguido, / ay, de los servidores suyos huye él. Gritar ansiaba: / «¡Acteón yo soy, al vuestro dueño conoced!». / Palabras a su ánimo faltan: resuena de ladridos el éter. / Las primeras heridas Melanquetes en su espalda hizo, / las próximas Teródamas, Oresítropo prendióse en su antebrazo: / más tarde había salido, pero por los atajos del monte / anticipada la ruta fue; a ellos, que a su dueño retenían, / la restante multitud se une y acumula en su cuerpo sus dientes. / Ya lugares para las heridas faltan; gime él, y un sonido, / aunque no de un hombre, cual no, aun así, emitir pueda / un ciervo, tiene, y de afligidas quejas llena los cerros conocidos, / y con las rodillas inclinadas, suplicante, semejante al que ruega, / alrededor lleva, tácito, como brazos, su rostro. / Mas sus compañeros la rabiosa columna con sus acostumbrados apremios, / ignorantes, instigan, y con los ojos a Acteón buscan, / y, como ausente, a porfía a Acteón llaman / -a su nombre la cabeza él vuelve- y de que no esté se quejan / y de que no coja, perezoso, el espectáculo de la ofrecida presa. / Querría no estar, ciertamente, pero está, y querría ver, / no también sentir, de los perros suyos los fieros hechos. / Por todos lados le rodean, y hundidos en su cuerpo los hocicos / despedazan a su dueño bajo la imagen de un falso ciervo, / y no, sino terminada por las muchas heridas su vida, / la ira se cuenta saciada, ceñida de aljaba, de Diana. /

¿No entendió el texto? Una ayuda del principio con una traducción más fácil, reproduzco un párrafo: Había cerca de allí un valle con el nombre de Gargafie: lugar poblado de pinos y cipreses, y consagrado a Diana. Ocultaba en lo interior una cueva sombría y oscura, que aunque formada por la naturaleza, se podía tener fácilmente por obra del arte. Veíase en ella un nativo arco de rocallas y piedras pomez; a cuya derecha corría con apacible murmullo una fuente de agua clara entre las dos orillas cubiertas de yerbas. A este agradable arroyo venia a bañarle la diosa de los bosques cuando se hallaba fatigada del ejercicio de la caza. Aquel día, inmediatamente que llega allí, da a una de sus ninfas las flechas, arco y aljaba; otra la desnuda: dos de ellas la descalzan, mientras que Crocale, hija del río Ismeno, que era la mas diestra, le ataba el cabello que estaba destrenzado por su espalda, aunque también ella lo tenía desatado.

Nota: La mitología griega lo veo como algo cultural, ya en la época feudal nadie creía en los dioses griegos. Y sin embargo siempre hay algún confundido que piensa que un dios como Marte, Diana u otros dioses de moda tienen algún poder. No logré contenerme de decir que para mí el único Dios verdadero es Jehová (El Padre, Jesucristo y Espíritu Santo), el que creó todo, salvó con su vida, y acompaña en el Camino. Los griegos por ejemplo por el año 50 d.C. se puede leer en la Biblia en Hechos 19:23 al 41 de una revuelta que se provoca con relación al Apostol Pablo, muchos se estaban convirtiendo al cristianismo dejando a los falsos dioses, y vendedores de estatuitas del templo de Diana en Efeso, se veían perjudicados económicamente, y lo quisieron sacar del medio a Pablo... Los que hicieron la revuelta hablaban bien de Diana porque los turistas les dejaban dinero. Así suele ocurrir con muchos dioses y demás, si hay alguien detrás de algún dios fuera de Jehová, opino con total convicción de que no es Jehová. Espero haya sido de su agrado esta lectura cultural del día con arte, poesía, mitología y religión.

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