El asno el buey y el labrador

8 julio, 2017 - Estoy aburrido, Reflexiones para estar mejor

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El asno el buey y el labrador

El asno el buey y el labrador.

Relato del libro que conocemos como “Las mil y una noches”, cuentos que se encadenan uno con otro, de origen oriente medio, especialmente India, Persia, y en menor grado de China, Siria y Egipto. Hay distintas versiones de estos cuentos, que son una recopilación, que se fue ampliando siendo su original publicación aproximadamente en el 850 d.C. Las mil y una noches se tradujo por primera vez en 1704, esa primera versión al francés, de Antoine Galland, era una adaptación, un texto expurgado de los adulterios y hechos de sangre que abundan en el libro. Una de las traducciones que alcanzó popularidad fue la de Richard Francis Burton, diplomático, militar, explorador y erudito de la cultura africana. El relato que acá expreso de “El asno, el buey y el labrador” está adaptado -y por lo que veo algo resumido, aunque completo-, publicado en un libro de Ediciones Libertador 1ra edición:

Un labrador muy afortunado -comenzó diciendo el padre de Scherezada-, dueño de grandes riquezas, había recibido, como Salomón, el don de entender el lenguaje de los animales, con la condición de no revelárselo a nadie.
Un día se detuvo en un establo a escuchar la conversación que mantenían un borrico y un buey que se lamentaba de lo mucho que lo hacían trabajar y de lo mal que lo cuidaban, diciéndole al asno:
-Mientras que a ti te tratan con cariño y no te usan más que para llevar a nuestro amo al mercado.
Y el borrico respondió:
-Tú tienes la culpa, te llaman el tonto y bien merecido lo tienes, tú y todos los de tu familia. ¿Por qué no te vales de los medios que te ha dado la naturaleza para defenderte? Cuando quieran sujetarte al arado, reparte cornadas, lanza fuertes bramidos, tírate al suelo, muéstrales lo malo que puedes ser y verás cómo te tratan con respeto y te dejan tranquilo.
El buey escuchó con atención los consejos del asno y prometió seguirlos.
Cuando el mozo de labranza vino a buscarlo para trabajar, el buey reaccionó según las indicaciones del asno. El mozo, sorprendido, corrió a contarle a su amo, quien sin dudarlo le dijo que la próxima vez, en lugar de llevarse el buey se llevara el asno.
Al volver la noche, el pobre animal, cansado de tanto trabajo y con los huesos rotos por los palos que había recibido, apenas podría mantenerse en pie. Se dejó caer al suelo gimiendo y suspirando: “Yo solo tengo la culpa de lo que me sucede. ¿Qué necesidad tenía de meterme con lo que no me incumbía? Yo vivía tranquilo, me querían, me trataban bien y todo me sonreía; ahora por imprudente, estoy expuesto a perder la vida”.
Y el gran visir le terminó diciendo a su hija:
-Ya ves lo que le ha sucedido al borrico, merecerías que te trataran como a él; quieres emprender la cura de un mal irremediable, llevar a cabo una empresa imposible y te expondrás a perder la vida.
Inquebrantable en su resolución, la hija le respondió que estaba decidida a intentarlo y que ningún peligro la haría retroceder.
-Entonces será preciso hacer contigo lo que el rico labrador hizo con su mujer. Así que escucha, porque el cuento no ha terminado.
Y el padre siguió con el relato.

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Bien aquí termina este cuento, el final del mismo está en el siguiente cuento, y el final del siguiente cuento está en el sucesivo; y pese en sí mismo ya tiene un final: porque hay un relato contado una conclusión. Aclaro que no todo cuento es para niños, la versión original es para adultos, la mayoría lo son. Esto también ocurría en el teatro romano, donde en una obra había desnudos, muerte, y demás cosas que en la actualidad -aunque sin lograrlo-, decimos que es un contenido que no deben receptar los niños.

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